Breve repaso a la novela histórica

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Una reseña de

Miguel Córdova

Podría afirmar que la novela histórica transita en un campo frágil, un camino minado que debe ser sorteado con destreza y agilidad. No todos los escritores se deberían arriesgar a surcar un terreno donde la habilidad de la pluma se compara junto al movimiento de la espada. Varios autores han intentado este examen, algunos han obtenido resultados muy interesantes y una gran mayoría se perdieron como la historia que intentaron narrar. Tenemos los ecosidios de Homero Aridjis y los juegos picarescos de Manuel Payno, Enrique Serna y Fernando del Paso.

Pero el devenir de la novela histórica propone un escenario variopinto que atravesó en un primer momento la censura paternal encabezado por la iglesia y posteriormente, la de los movimientos políticos. Autores como Sor Juana Inés de la Cruz o Francisco de Terrazas ajustaron sus mensajes a un vituperio muy fino donde el desciframiento del mensaje le daba una valía mayor a tales obras.

Gadamer afirma que la literatura críptica es una botella al mar que da diferentes posibilidades de interpretación, y es éste el valor real de la poética en el uso del lenguaje. En un acercamiento transversal la novela histórica busca retratar el momento de una época, un escenario que se vivió y que no se volverá a repetir, pero está corroborado que la historia se repite con diferentes elementos y, desde una visión general, este género crea la impresión de plantear un escenario lejano pero muy cercano a nuestro contexto social.

Los primeros trazos de esta narrativa se funda con dos novelistas de la colonia, Vicente Riva Palacio con la Monja casada, virgen y mártir (1868) y Justo Sierra O’Reilly con de La hija de judío (1848). Estos autores encausaron su obra a la lucha contra el partido conservador dando uso de la crítica y la sátira. Elementos importantes de la novela histórica al retratar la deformación de un contexto.

De la misma manera destaco a Julio Jiménez Rueda y Artemio del Valle Arizpe, los cuales se pueden considerar los primeros cronistas del virreinato, al retratar el uso del habla y las costumbres de la época.

Otras novelas de esta época son Gil Gómez, el insurgente o La hija del médico de Juan Díaz Covarrubias, El cerro de las campanas de Juan A. Mateos y Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno, autor que hay que destacar dentro de este terreno con su novela El hombre de la situación, novela donde se representa la ausencia del estado de derecho con un sentido de humor exquisito al narrarnos las peripecias de un criollo que emula a los españoles exponiendo por primera vez una cultura del autodesprecio mexicano, décadas después Enrique Serna dibujaría esta misma característica con su novela El seductor de la patria.

También puedo mencionar En tierra de sangre y broma, novela histórica contemporánea de Salvador Quevedo y Zubieta y La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán. Este último nos presenta una sociedad que es cada vez más protagonista dentro del contenido literario.  Recomiendo El águila y la serpiente, la cual algunos estudiosos afirman es la base de La muerte y la brújula de Jorge Luis Borges.

La novela fundacional nace con el Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi, la cual expresa lo que es ser mexicano. Novelas con referente histórico social son La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes o Arráncame la vida de Ángeles Mastreta,  que presentan un estilo diferente porque no se basan en el recuerdo de un hecho, sino que se ubican en una época pasada como escenario de su crítica social y otros temas.

Manuel Payno escribió alguna vez que irse de la ciudad de México y volver diez años después, creaba la impresión de que el viajero había vuelto a una ciudad distinta, ese viaje se puede revivir en las novelas de corte histórica: objetivo de congelar el tiempo remarcando las diferentes facetas de la sociedad hasta concluir en el presente social. Es sano preguntarnos ¿seguirá teniendo el mismo objetivo la novela histórica?

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