El escritor incansable… y el de los premios.

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Esta entrevista se publicó en 2012 en la revista Cinzontle y Perspectivas docentes de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. El escritor charló con el periodista Kristian Antonio Cerino. Foto: Diarioactivo
Kristian Antonio Cerino
Ciudad de México.
Ignacio Padilla (ciudad de México, 1968) es un  escritor mexicano que siente un placer por la docencia.
Enseña los alcances de la Literatura en América Latina pero además los pormenores de la Literatura decimonónica. Es, un auténtico creyente de que nuestras vidas están contadas con ficciones y que vale la pena vivir entre libros.
Sin embargo, leer y escribir estas historias, y transmitirlas a los estudiantes de Comunicación o de Letras, provoca un doble placer o una repetida satisfacción.
Platiqué con él y después de haber leído algunas novelas como Espiral de artillería Si volviesen sus majestades, y otras publicaciones como Crónicas africanas,  Por un tortillo y el más reciente La isla de las tribus perdidas. Lo entrevisté con el fin de conocer un poco más sobre su vida literaria y compartirla con los lectores.
Elaboré un pergamino con preguntas, mismas que fue respondiendo durante muchos días, en clase de Introducción a la Literatura Latinoamericana -en la Universidad Iberoamericana-, otras más en un café y el resto por conversaciones vía chat.
Previo a la redacción de la entrevista con Padilla, o Nacho Padilla para sus alumnos y los amigos, leí en el diario El Universal que su amor “por los libros” lo ubica como su “devoción por querer escribirlos”. De la misma manera en que “su obsesión por contar una historia” es su obsesión “por el lenguaje”.
Uno de los libros más difíciles de leer en la obra literaria de Padilla es Si Volviesen sus majestades, escrito en 1996 y publicado por la editorial Nueva Imagen. Aunque también el escritor, que vive en la ciudad de Querétaro, reconoce que esta novela fue de las más difíciles de escribir. Lo dice en el invierno de enero, en la ciudad de México, y lo repite justo antes de comenzar el verano.
Si volviesen sus majestades es una novela caótica, escrita con un español antiguo, contada en un sinfín de tiempos,  con innumerables sorpresas o hipótesis sobre la partida de los reyes, la caída de los reinados, la búsqueda de un Santo Grial, la desesperación por saber que pasó en el ayer, las memorias que son escritas y después incineradas por un bufón. En fin.
Si volviesen sus majestades es una apuesta literaria que continúa sin leerse a profundidad, y en serio, en México y que en esta entrevista el autor, miembro del grupo literario o de la Generación del Crack, la recuerda como una de las novelas más difíciles de redactar:
–Así como ocurre con el Solitario del castillo que escribió mucho y todo quedó en el fuego con ayuda del bufón, ¿así sucede con muchos manuscritos que sólo quedan en el imaginario del escritor? ¿Cuántas historias merodean por la cabeza de Ignacio Padilla?
–Infinidad. Tengo muchas más ideas que tiempo y vida para escribirlas.
–¿Cómo logras concebir Si volviesen Sus Majestades concluida en 1995? Con todo y el español antiguo, justificado para la época, se lee con mucha actualidad.
–Fue un proceso lento y poco consciente. Primero existió la imagen, la idea de un reino dislocado. La escribí en prosa moderna para descubrir más tarde que el texto exigía un lenguaje no menos dislocado. Supongo que es así como hemos entrado en el siglo XXI.
–Caminando por los pasillos de la Ibero me dijiste que esta novela en particular ha sido de las más difíciles de escribir ¿Por qué? Por el español antiguo, porque buceaste en archivos, porque tardaste mucho en diseñar su estructura, ¿Por qué?
–Porque me tomó mucho tiempo, mucha reflexión, muchos borradores como los que aparecen en la propia novela. Y claro, porque me exigió entrar -más que investigar- en el lenguaje inventado con retazos de la Edad Media, el Siglo de Oro y el cómic, además, claro, de la prosa latinoamericana.
–Por cierto, de niño ¿escuchaste, leíste o te contaron antes de dormir novelas de caballerías? Esta obra en particular me gusta porque retrata la caída de las monarquías y cómo estos grandes castillos envejecían ante el paso del tiempo ¿Te inspiraste en el Quijote? ¿En Bioy Casares? ¿En qué autores?
–No, nada que tuviese que ver, creo, con las novelas de caballerías. En esta novela hay más cine que literatura. Desde luego, están Borges y Manganelli, bastante de Kafka y otro tanto de Kennedy Toole. La prosa la tomé prestada del Persiles, de Cervantes.
–¿Cuáles serían los temas centrales de Si volviesen sus majestades? La soledad, la locura, la obra inacabada, el caos, la decadencia, la verdad frente a la ficción, el Enemigo, la lealtad, la pasión, la culpa, ¿Cuáles?
–No me gustaría desmontar la obra en temas, sino en obsesiones. La más clara, a mi entender, es la culpa. Pero podría, desde luego, equivocarme.
–Cuando escribiste Si volviesen sus majestades entre 1993 y 1995 y partiendo que de formas partes de la generación del Crack, ¿ibas decidido con esta historia a ponerle fin a los que ya habían abusado del llamado Realismo Mágico?
–En absoluto. Fue a raíz de mis búsquedas personales y las obras por estas generadas que me di cuenta de mi rechazo al Realismo Mágico.
–En la contraportada de la novela se lee que en Si volviesen sus majestades “demuestra por qué el absurdo sirve mejor que nunca para explicar la condición humana”, ¿Con este final podría quedarse el lector? O tú prefieres orientarlo en otros finales ocultos en la misma historia.
–El lector puede y suele quedarse con el final que le venga en nada. No soy nadie para indicárselo, menos aún para orientarlo.
–Algunos de los personajes que aparecen en la historia son tomados de la vida real, pienso en este momento en el doctor Da Volpi (o ¿Jorge Volpi?) y me lo imagino usando lentes. Cuéntanos.
–No entiendo la pregunta. No la veo.
–¿Te ha visto en algún momento de tu vida literaria como el Solitario narrador de esta novela?
 –Me veo en todo momento como todos: personajes, narradores, lectores, etcétera.
–A 15 años de haber escrito esta novela, 15 años que para una quinceañera es la edad de las ilusiones, ¿se ha leído más en México o en el extranjero?
–Bonita pregunta. Pero no tengo idea de dónde se haya leído más. Supongo que en el extranjero, porque en México se lee menos, no sólo mis libros, sino libros en general.
–A propósito del Crack, ¿qué tanto trascendió en la vida literaria después de desgaste que causó el mismo Realismo Mágico?
–Creo que el Crack fue un importante catalizador, pero que la debacle del Realismo Mágico habría ocurrido de cualquier forma.
–Partiendo de tu conocimiento literario ¿seguimos siendo iletrados,  sigue fallando la política cultural?
–Sigue fallando la política cultural de promoción de la lectura. La de creación y patrimonio es otra cosa.
–Has sentido como escritor que se les quiere (o se les lee) más en el extranjero que en México. ¿Puede un escritor vivir de regalías con editoriales locales?
–En absoluto. A menos que escribas tan mal como Paolo Coelho o Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
–¿Así como Juan Rulfo tendrás una Cordillera metida en un cajón?
–No creo que Rulfo tuviese una Cordillera en el cajón, sino en su imaginación.
–¿Qué le espera a la narración, a los libros, con un mercado saturado con nuevas tecnologías: audiolibros, avances de novelas a través de las redes sociales, los libros digitales y ahora más con el arribo del Ipad.
–La narración pervivirá, en distintos sustentos materiales. La literatura puede estar lo mismo en un libro que en una computadora. Somos cuento, todo cuenta, siempre se cuenta la misma historia, y seguiremos haciéndolo.
–Leemos tantos artículos en los diarios y en las revistas, ¿usted cree que las secciones llamadas Cultura se han olvidado de la literatura a profundidad? ¿Qué tanto ha cambiado el periodismo cultural cuando vemos que los suplementos han perdido la calidad?
–Definitivamente ésta es la peor época imaginable en lo que hace a suplementos culturales. Y no veo que vaya a ser mejor en un futuro próximo.
–En tus clases habla de lluvia, de barcos, del mar y ríos, para referirse a la Literatura Latinoamericana y los problemas para dominar a la naturaleza. Ahora bien ¿Cuáles deberían de ser los temas que actualmente aborden los escritores del siglo XXI?
–Todos, absolutamente todos. Ningún tema “debería” ser abordado. Me horroriza la sola idea.
–El escritor, he leído, además de cumplir con su oficio, el empleo de la ficción, está obligado a hablar de los problemas que aquejan a su nación. ¿Esto es una regla? O estaríamos cayendo en lo que el mismo Fuentes denuncia en La nueva novela Hispanoamericana que llegó un momento en que solo existían “escritores de denuncia”.
–Ningún escritor está obligado a hablar de los problemas que aquejan a su nación. Si acaso, está obligado a escribir cada vez la mejor obra que pueda escribir en ese momento.
–Hace un par de años leí un artículo de Mario Vargas Llosa hablando sobre la realidad y la ficción y usted también habla en Si volviesen sus majestades sobre este tema. Le recuerdo las palabras del bufón: “la historia no es, como dicen, de quienes vencen, sino de quienes les dan crédito”. ¿La ficción ha sido alcanzada y superada por la verdad? O es al revés.
–El debate es mucho más antiguo que Vargas Llosa, y se mantendrá irresuelto porque el cotejo entre realidad y ficción es un sofisma.
–A Padilla ¿le atemoriza una hoja en blanco antes de comenzar a escribir una novela? Todos los escritores tienen ciertas fobias antes de iniciar una obra ¿cuáles son las suyas y cómo las vence?
–¿Quién es el tal Padilla?
–Por último, la búsqueda literaria de Ignacio Padilla ¿es similar a la búsqueda del Peregrino quien nunca encontró su esquerlón de panolina o su equivalente al Santo Grial?
–Definitivamente, me encantaría conocer al tal Ignacio Padilla
* * *
Ignacio Padilla, ganador de certámenes de Cuento, Dramaturgia y Novela, es un escritor inquieto. Difícilmente podría alejarse de la escritura. Es versátil. Está activo. Es un gran lector y un hombre de decisiones porque no hay que olvidar que se atrevió a cerrar la mega biblioteca “José Vasconcelos”, una de las obras más importantes en el sexenio del presidente Vicente Fox. La razón: las fallas estructurales del inmueble.
“Cierre de megabiblioteca por fallas en todo el edificio”, así tituló el diario El Universal el 15 de marzo de 2007.
“Fue puesta en marcha en las condiciones que no debía haber sido abierta”, dijo el escritor.
La José Vasconcelos, con una inversión de mil 300 millones de pesos, sólo estuvo abierta 8 meses.
* * *
Entre los apuntes de las clases que recibí de Padilla, rescato algunos para esta entrevista.
Dichas anotaciones se encuentran en el ensayo La isla de las tribus perdidas (Debate 2010) con el que ganó un enésimo premio.
Antes de que Padilla ganara el premio de Ensayo, el contenido de éste lo compartió con estudiantes de Letras, de la Ibero. Para cuando concluyó el ciclo, recuerdo bien, dijo (apropósito de sus apuntes) “ahora estarán en un libro”.
De voz del autor:
A la gente le da pena decir que no lee por pena. El mexicano sí lee, pero se cansa
Somos rehenes de la tormenta
Todos somos náufragos porque acá todo es mar
Sentimos placer porque no nos sucede a nosotros, y en ficción porque no le está pasando a nadie.
Somos nuestra memoria, nuestros recuerdos, con pura memoria nos conducimos a la muerte
* * *
En 21 de octubre de 2010, el periodista de la agencia española EFE, Alberto Cabezas, entrevistó a Ignacio Padilla, maestro y doctor en Literatura inglesa y española, sobre el ensayo La isla de las tribus perdidas. La incógnita del mar latinoamericano, un ensayo sobre la presencia del mar en la narrativa de estos países y su reflejo en la identidad de los latinoamericanos.
De acuerdo con Cabezas, el trabajo de Padilla  explora la tesis del colombiano Juan Carlos Botero, quien en el
libro “El mar y la novela en castellano” (2008) señalaba que la literatura de América Latina carecía de escritores y obras marinas importantes salvo
excepciones como Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez.
“Padilla utiliza metáforas relacionadas con el mar y el agua para contradecir esa tesis (y) afirma que hay mucho mar en la narrativa latinoamericana pero su lejanía, su hostilidad y el prosaísmo de su furia lo hacen invisible, solo en apariencia”, agrega Cabezas entrecomillando las precisiones del escritor.
“Nunca el mar fue nuestro y nunca nosotros fuimos del mar en América Latina. Y eso es sólo un reflejo, o así lo entiendo yo, del conflicto del latinoamericano con la naturaleza”, explica Padilla en la entrevista con el periodista.
Detecta -además- que entre los pueblos latinoamericanos hay una tendencia a la insularidad y al aislamiento, a la vez que una inclinación a la deriva, a “dejar que otros conduzcan el barco democrático, ideológico y social” reproduciendo modelos ajenos.
Igualmente señaló que existe una vocación de náufragos que se manifiesta en que estos países no son capaces de concluir sus proyectos, y que muchos de los que empezaron a lo grande, terminaron en cataclismos, como reflejan personajes literarios como Maqroll, El Gaviero, alma de las novelas de Mutis.
Su ensayo, admitió en la entrevista, encierra “una visión terrible” que le animó a reflexionar desde la literatura sobre la identidad de esta comunidad de
países y su futuro.
“Si América Latina no se reconoce como Occidental y española, si persiste en su indigenismo chabacano y en la negación de su mezcla, desde luego que la parte que le trajo el mar la va a seguir viendo como conflictiva”, le dijo a Alberto Cabezas.
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Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.