Algunos lo consideran un hombre común, herrero de oficio; para otros resultó estar en el lugar correcto cuando más se le necesitó.   José León: un héroe de la vida cotidiana.

Texto y fotografía: David Jiménez Osorio

Se escucha un martillo. Una segueta rompe el hierro con sus dientes. Sudor recorre sus brazos. La  concentración en el pulso es milimétrica y el zumbido de la soldadura danza en los oídos. También hay conversaciones, órdenes directas, severas y un comentario sarcástico  de cuando en cuando. Es una atmósfera repleta del olor metálico que se desprende de la sangre. Una que abraza un ambiente casi  indecible, pues como artesano del antiguo oficio de herrería, José y sus aprendices siempre mantienen una coreografía tan rudamente visual en derredor a una puerta, ventana, portones o incluso algunos instrumentos forjados con la misma fragua que Hefesto heredó a los hombres.  Es José Pérez León, como aquella canción de Los tigres del norte.

“Crecí en pobreza extrema y la necesidad me obligó a aprender tantos oficios” A sus 40 años ha construido 40 casas, más de dos mil puertas de herrería,  si no hubiese estado presente en un momento exacto en el que el aeropuerto de Villahermosa lo necesitaba, los empresarios que abordaban los aviones, no lo hubiesen logrado.

Hombre robusto de callos en los dedos, amante de los desafíos, y en ocasiones especiales es risueño. es un hombre multifuncional; sabe absolutamente todo: de herrería, plomería, electricidad, albañilería, carpintería, hace tortilla, siembra maíz, chile, sandía, naranja. También chapea y ante todo ama y defiende a los suyos como el más feroz de los animales.

CRÓNICA NSP

José es ese hombre ínclito que asesora a ingenieros sin estudiar más que la secundaria, a contratistas  por la experiencia acumulada y  a su mujer en algunos tipos de carnes para asar cuando llega el momento de las compras. Pero detrás de esa mirada profunda se arraiga el sufrimiento, el trabajo en la milpa desde que tiene conciencia, después en la albañilería donde tuvo tantos infortunios como el Ulises de Homero.

Más allá de hacer puertas, instalar portones con más de 30 metros cuadrados, crear sus propias herramientas cuando no las hay, construir el aeropuerto de Palenque; o incluso hacer las herrerías que están en el parque Tomás Garrido Canabal para el gobierno de Madrazo y que no le pagaran, José tiene la creatividad suficiente para arreglar problemas que nadie más puede.

El aeropuerto se Villahermosa tenía un problema en las aguas negras. Se tenía que detener el flujo del agua para lograr hacer las operaciones necesarias para arreglar los ductos. No se apagaba la bomba del agua y tampoco se podía abrir algún hueco sin pensar, los inmundos residuos correrían libres.

El ingeniero había dado muchas vueltas, había gastado ideas y es aquí cuando la realidad vence a los exámenes de la universidad. La vida allá afuera es demasiado cruda y no todos están puestos a digerirla.

—Te arreglo el problema por 5000 pesos —dijo don José al ingeniero.

—Jajajajaja, ¿cómo le vas a hacer?

—Ese es mi problema, tú dame los 5000 pesos y yo lo soluciono —dijo convencido el herrero.

Con mil pesos de anticipo compró dos balones y una bomba de aire en el mercado Pino Suárez del centro de la ciudad. Nadie sabía lo que haría más que él, por lo tanto llegó y se mostró  confiado   en su idea y  toda facilidad su experiencia y locura resumiéndola en 20 minutos.

“Cortaron el tubo, metí el balón de fútbol en la boca del ducto principal y a medida que lo llenaba de aire, notamos que el agua menguaba, lo llené completamente de aire. Metí el segundo, y ya no pasaba agua. El ingeniero saltaba como un niño, literalmente saltaba”

Yo también lo hubiera hecho, incluso me hubiera reído si tuviese la oportunidad de ver a don José en una obra tan singular.

“Gané 5000 pesos no por el tiempo, sino por la experiencia”.

Lo más grandioso de este señor es que conserva la humildad y dedica el logro, las ideas y toda la inteligencia a Dios. Más allá de ser un albañil, es un hombre de principios, respetado en su comunidad y hallado como un hombre justo y ejemplo junto con su familia de una vida trabajadora en todos los sentidos.

José tiene es capaz de crear una nueva herramienta pero también de abrazar a sus nietos. Tiene la pasión por trabajar en una constructora renombrada pero también de construirle su casa a su madre y dedicarle su primer herrería. Es capaz pues de estar siempre sucio, grasoso, despeinado pero también de arreglarse lo suficiente para ir formal a la iglesia, donde él considera que es el lugar adecuado para una ropa adecuada.

Sencillo, duro, amable, serio y poco reconocido es el hombre al que los gimnastas del Tomás Garrido deben agradecer y el aeropuerto de Villahermosa también, porque mientras todos estaban gustosamente ocupados, él fue el único hombre capaz de asegurar el próximo vuelo.