El maestro Charlie Brown

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El comentario de

Eduardo Vargas 

En esos tiempos en los que vendedores de enciclopedias caminaban de casa en casa -ya no los he visto- mi madre preocupada por la educación de sus hijos, fuimos dos, adquirió una colección en cómodos pagos titulada “Gran Libro de Preguntas y Respuestas de Carlitos” que entre paréntesis a manera de aclaración decía Charlie Brown; se trataba de seis pequeños tomos editados por Ediciones Junior S. A. del Grupo Editorial Grijalbo de Barcelona, España, aunque su edición original era americana nombrada “Charlie brown´s Third Super Book of Question and Answers”.

Mi madre sin saberlo nos dio el mejor regalo del mundo: una enciclopedia ilustrada con los personajes  del dibujante oriundo de Minneapolis, Minnesota, Estados unidos;  Charles Monroe Schulz (26 de noviembre de 1922)

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En esa enciclopedia aprendimos “desde el descubrimiento de la rueda hasta el Columbia, sobre los pueblos del mundo y su forma de vida, cómo funcionan desde la palanca hasta la televisión y sobre la energía”.

Eran la joya de nuestra biblioteca personal, ayudaron a generar nuestra cultura general mucho antes del Internet y Google; si querías saber algo sólo tenías que consultar alguno de los tomos y listo, hasta con tareas de la escuela me ayudaron, no había nada mejor que esos libros y lo mejor del caso era que mis maestros eran Charlie Brown y su pandilla.

De Charles a Charlie.

Schulz fue un joven tímido y solitario, se dice que posiblemente se debió a que era el más joven de su clase en la escuela, características muy marcadas en su personaje Charlie Brown; el joven Charles estuvo enlistado en el ejercito de los Estados Unidos durante la segunda guerra mundial y allí conoció los horrores de la guerra.

Fue profesor de arte y aunque irónicamente decía que la historieta era una forma de arte menor fue precisamente éste, el octavo arte, el que le dio fama y fortuna.

Mucha gente al ver los personajes de Schulz hacen referencia a la tira cómica con diferentes nombres, algunos le dicen Charlie Brown o Snoopy, sin embargo el nombre original es “Peanuts” que se puede traducir como “cacahuates”, pero según se dice en sentido figurado se traduce como pequeñeces,  en otros países se les conoció como “rabanitos” y muchos otros títulos.

Una de las características de esta tira cómica fue el hecho de que Schulz introdujo asuntos de la vida cotidiana en la trama, además de que todos los personajes son niños y adolescentes  -los adultos no figuran para nada- y cómo dejar de lado las ocurrencias de ese sabueso loco que es Snoopy;  muchos desearíamos tener un perro como él, que pareciera ser bueno en todo; escribe, actúa, es corredor de motos, de autos, baila, es inventor, cocinero, y hasta lo que no imaginamos lo puede hacer ese cachorro de la raza Beagle que hace las delicias de chicos y grandes junto a su amigo Woostock, conocido como Emilio en Latinoamérica.

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Peanuts fue dibujado a diario por Schulz sin ayuda de nadie durante 50 años hasta que en 1999 sufrió un infarto; después se le detectó cáncer colorrectal. El 14 de diciembre de ese mismo año anunció su retiro ya que no podía seguir trabajando, falleciendo el 14 de febrero del año 2000.

La película.

Este año se estrenó Charlie Brown: La película, y aunque la pandilla ya había sido llevada a televisión,  esta nueva entrega es un golpe directo al corazón por el cúmulo de emociones que despierta en todos aquellos niños, ahora adultos, que conocimos a Snoopy y sus amigos en la infancia y adolescencia: los personajes demuestran ser atemporales totalmente, generaciones irán y vendrán sin que los Peanuts pasen de moda.

En esta ocasión por medio de técnicas mixtas de animación los hijos de Schulz, que producen esta entrega, llevan a los cines a ese niño de cabeza redonda que tiene que luchar con sus inseguridades para poder acercarse a la niña que le gusta; fuimos muchos -de niños- como Charlie Bown y, es por ello que la empatía que se crea con el personaje es inevitable, sin embargo Snoopy pareciera ser todo aquello que Charlie no puede ser o hacer; siempre osado y con una gran imaginación el cachorro travieso nos lleva por su mundo imaginario de aventura y emoción, en especial cuando está a la casa de su archienemigo El Barón Rojo.

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Tuve la oportunidad de ver la cinta y, créanme, los adultos somos quienes más la disfrutamos, volvimos a ser niños. Un señor que estuvo en la sala riendo de principio a fin me hizo la noche ya que pude reír como él a carcajada suelta; los demás no estaban muy contentos pero la verdad no nos importó, en especial en la escena en que Snoopy comienza a buscar un objeto en su legendaria casita roja, esa que lo mismo es un avión de la primera guerra mundial, que un auto de carreras o una moto, y saca entre muchas otras cosas un cuadro, y justo aquí el señor gritó emocionado: ¡No mames tiene un Van Gogh¡

 

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http://vidaderonin.blogspot.mx/

Fotos e ilustraciones: Schulz