El retorno del vinilo

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La opinión de

Eduardo Vargas 

No sé si alguna vez han tenido la sensación de que llegan tarde a todo lo bueno e interesante que la humanidad nos ha brindado, por lo menos en lo referente al siglo pasado, y más específicamente en el plano musical.

De 1900 al año 2000 la historia de la música vivió grandes cambios: pasamos de escuchar solo conciertos en vivo a traer infinidad de bandas en nuestro playlist favorito almacenado en nuestro celular; la música se volvió portátil, ganó movilidad, la miniaturización de los dispositivos para poder guardarla y reproducirla fueron los grandes retos a los que se enfrentó la industria, ya ni hablemos de esa intensa búsqueda por lograr la grabación perfecta, una fidelidad extraordinaria, una experiencia sonora de niveles únicos, años de investigación enfocados a la perfección, todo para que finalmente regresáramos a la básico: la tornamesa y los vinilos.

Recuerdo que en mi infancia me topé con un mueble largo parecido a un tocador que a su vez contaba en la parte central con botones y perillas, me encantaba ese aparato. En la parte superior tenía una tapa hecha de la misma madera que al abrirla dejaba al descubierto un compartimiento donde se encontraba un plato que podía girar, se trataba de la consola de mis abuelos, para ese entonces ya no funcionaba, se había convertido en un mueble más en su sala que servía de casa para los ratones, ya revisándolo con más detalle podías encontrar puertecillas que te daban acceso al área donde se encontraban unos círculos de color negro, azul  u otros colores; estaban guardados en cajas de cartón parecidas a sobres y en las portadas podías ver el nombre de artistas desconocidos en ese momento para mí, pero que haciendo memoria ahora puedo citar, nombres como Roberto Jordán y Angélica María son los que más recuerdo porque pude rescatar, y reproducir hasta el cansancio, un pequeño disco (45 RPM) en donde juntos cantaban una melodía llamada “Clap, Clap Aplaudan todos”, de la película “El premio Nobel del Amor” (1983).

Posteriormente en casa de mis padres adquirieron un estéreo que contaba con un “tocadiscos” que casi nunca usamos, solo recuerdo en una ocasión en una tienda de música  de la zona remodelada nos regalaron otro disco de 45 RPM de color azul y que contenía un sencillo en inglés de una banda que si no se me grabó fue porque no me gustó.

La historia de los discos grabados se remonta a finales del siglo XVIII cuando en 1881 Thomas Edison (1847-1931) creó un aparato capaz de transformar la energía acústica en mecánica creando el Fonógrafo; los sonidos se grababan en un cilindro de cera que con una manivela se hacía girar para que una aguja registrara las vibraciones del sonido que podía ser reproducido por el mismo aparato el cual contaba con un cono a manera de bocina, que al recorrer los surcos hechos por la aguja en el cilindro de cera convertía en sonido las líneas registradas; este “novedoso” proceso lo podemos apreciar de manera más detallada en una escena de la última cinta del director mexicano Guillermo del Toro: La cumbre Escarlata (Crimson Peak, 2015).

El método de Edison permitía grabar muy poco tiempo y con una calidad cuestionable por lo  que en 1988 Emile Berliner (1851-1921), trabajando para Alexander Graham Bell, a quien se le atribuye la invención del teléfono, patentó el Gramófono cuya característica fue el hecho de que los cilindros, usados por Edison para grabar, fueron sustituido por discos de vinilo de 78 RPM, mismos que con el tiempo se pudieron grabar de ambos lados y que no siempre fueron de este material; en un inicio también fueron de cera como los del creador del Fonógrafo pero evolucionaron hasta ser hechos de vinil, lo que inició la industria del copiado en serie de estos discos.

En ambos casos los aparatos para poder reproducir el sonido eran mecánicos pero en 1925 con la invención de las válvulas electrónicas, que hicieron posible amplificar el sonido antes y después de grabar un disco, vino la creación del tocadiscos cuya principal característica era que contaba con un motor eléctrico que hacía girar el plato giradiscos a una velocidad más constante logrando mejor calidad.

Para mí los acetatos y discos de vinilo siempre fueron lo mismo pero resulta ser que no es así; un disco de acetato se caracteriza por permitir realizar grabaciones instantáneas, generalmente son  de aluminio en su interior con un recubrimiento fino de laca o acetato de nitrocelulosa, además de tener un orificio al centro para hacerlo girar para su reproducción; cuentan con otro a un costado mismo que sirvió para sujetarlo cuando fue grabado.

Un disco de vinilo o gramofónico es un disco que almacena el sonido analógico y está hecho de policloruro de vinilo, contienen un orificio en el centro para ser puestos en el tocadiscos y existen en diversos tamaños y calidades de audio.

La gran diferencia entre uno y otro es que para poder crear un disco de vinilo primero se debe grabar un disco de acetato el cual sirve como master, el master lleva el nombre de Dubplate; fueron utilizados en los años 20´s en la grabación de sonidos para películas, en los 60´s y 70´s se utilizaron piedras preciosas a manera de agujas de grabación ya que registraban mejor los sonidos destacando los rubíes, diamantes y zafiros.

Otra característica de los discos de acetato es que solo resistían cierta cantidad de reproducciones y cada vez iban perdiendo su calidad, por ejemplo después de 200 escuchas.

Actualmente son más comunes los vinilos por lo que un acetato es una pieza de colección, tan así que un acetato de la banda The Velvet Undergorund fue vendido  por eBay  en 25,200 USD en el 2006.

Si bien en 1979, de la mano del holandés Kees Immink y de la compañía Philips, y el japonés Toshitada Doi de Sony, crearon la tecnología Laserdisc, y con ello el disco compacto, fue hasta el 1 de octubre de 1982 que se lanzó al mercado el primer reproductor de CD de uso doméstico y un año más tarde, 1983, se editó el primer disco compacto; el álbum 52nd Street (1978) de Billy Joel.

Aunque los vinilos se siguieron vendiendo el nuevo formato, CD, ganaba terreno con rapidez hasta casi desplazarlo de la escena musical, sin embargo hubo un grupo que nunca dejó de usar el vinilo como formato de almacenamiento musical, estos fueron los Dj´s quienes mantuvieron a flote a estos platos voladores.

Se habla de que los vinilos guardan mejor calidad musical que los CD´s, los formatos digitales de música y su compresión (mp3, WAV, mp4, etc.) le restan calidad a los audios; artistas modernos reconocen el valor de un disco de vinil y aunado a la melancolía que estos producen en las personas y melómanos de oídos refinados han optado por editar sus nuevas producciones en vinilos como en antaño.

La venta de tocadiscos con elementos modernos es más común por lo que no es extraño encontrar en las tiendas departamentales equipos que además de permitirnos escuchar vinilos tengan bandeja de para CD´s, puertos USB, Bluethoot y hasta una base para colocar nuestro teléfono inteligente, todo en uno.

Recuerdo que los primeros en regresar al vinilo fueron artistas como Coldplay, Jack White y ni qué decir de todas la reediciones de bandas como Queen, Pink Floyd, Scorpions, entre otros; la lista es interminable y según los conocedores se trata de la revancha del vinil, algunos lo califican como moda, es bueno tenerlo de vuelta aunque en realidad pienso que nunca se fue del todo, así que no lo piensen más: desempolven sus tocadiscos o vayan a comprar uno nuevo sin olvidar por su puesto el disco de vinil de su artista favorito para que lo escuchen a todo volumen.