Entre literatura y periodismo                   

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Aproximaciones al siglo XIX.

El siguiente artículo  es una recopilación de autores y obras para reseñar la importancia de la literatura y el periodismo en el siglo XIX. La finalidad es que los nuevos lectores conozcan qué sucedió con las letras en estos cien años de México. Foto de portada: billardeletras.com

 Kristian Antonio Cerino

 

El siglo XIX es probablemente uno de los más fértiles en México. No sólo para el periodismo, sino para la literatura.

El XIX comenzó con la publicación de la primera novela y concluyó con las impresiones, en diarios, periódicos y revistas, de crónicas, cuentos, ensayos, poemas y narraciones extensas.

Trescientos años después de la conquista de México, se publicó -parcialmente– El Periquillo Sarniento de la autoría del José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827).

El Periquillo Sarniento se imprimió en tres tomos en 1816, y un cuarto tomo se censuró por sus ideas contra la esclavitud. Sin embargo, la novela picaresca se publicó completa en 1830, tres años posteriores a su muerte.

De acuerdo con su biografía, Lizardi escribió en el mismo género estas obras: Noches tristes y días alegres, La Quijotina y su prima  y Don Catrín de la Fachenda

A propósito de El Periquillo Sarniento, el escritor Felipe Garrido, redactó:

Su personaje central es un pícaro, un vagabundo ocupado sobre todo en sobrevivir, que cuenta su vida.

Sus días en la escuela y en la universidad, cómo las malas compañías lo arrastran al juego y, por ese camino, al hospital y a la cárcel; cómo la fortuna a veces le sonríe y a veces le vuelve la espalda. El Periquillo cambia muchas veces de patrón y de oficios, recorre la capital y sus alrededores, viaja a Manila. Después de un naufragio llega a una isla en el mar de la China y regresa a su patria para seguir sus aventuras.

La obra, novela que es el primer referente en la antigua Nueva España, comienza así:

Postrado en una cama hace muchos meses, entre médicos y enfermedades, esperando con resignación el día en que tengan que cerrarme los ojos, queridos hijos míos, he pensado dejarles escritos los sucesos de mi vida, para que sepan cuidarse de muchos de los peligros que amenazan y lastiman a los hombres en el curso de sus días. Les suplico que no se escandalicen con las locuras de mi juventud: voy a contárselas sin ocultar nada, para que ustedes escarmienten en mis extravíos.

PS

La novela se llamó El Periquillo Sarniento porque el personaje principal -relato de la historia- vestía saquito verde y pantalón amarillo. Los compañeros de clases (en la escuela primaria) le apodaron Periquillo porque el maestro solía decirle Pedrillo) Una vez le dio sarna y le apodaron El periquillo sarniento.

En el libro ensayístico Alfonso Reyes y el periodismo, de Humberto Musacchio, se reseña la riqueza literaria y periodística del siglo XIX.

Reyes escribió en el siglo XX algunas reflexiones sobre el XIX:

Al comenzar el siglo XIX, se fundó el Diario de México. Fue el centro literario de la época. Lo escribían poetas menores y escritores modestos. Todos los días salía el pequeño pliego adornado con las alegrías del ingenio. Aquel era un mundo artificioso y amable. Los literatos se ocultaban con pseudónimos y cultivaban la ironía y los géneros cómicos.

En ese entonces, escribía el Fray Manuel de Navarrete.

El Diario de México duró doce años; acabó por azares políticos, no por ser mal negocio. Los diaristas sabían que, aunque el libro es el verdadero asilo de la literatura, junto a la discusión del día -que ciega y ensordece-, junto a la noticia reciente -que embarga el ánimo-, junto al torbellino de las insanas cosas de la calle, el periódico debe ofrecer, es decir: algunos párrafos de literatura, que vengan a ser diariamente, en el ámbito de los lectores, como un templado y saludable rocío.

Por citar: el siglo comenzó con la aparición de decenas de periódicos que incluía pensamientos políticos e ideológicos.

El Despertador Americano apareció el 20 de diciembre de 1810, fundado por Miguel Hidalgo y dirigido por Francisco Severo Maldonado.

En 1812 (a 1814) se funda El Pensador Mexicano, el primero de los periódicos editados por José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de El Periquillo Sarniento, quien propuso la libertad de expresión y la abolición de la esclavitud de los negros. Por esta razón, fue encarcelado.

Para la investigadora Patricia Vega, en 1835 había sólo 68 periódicos en la ciudad de México, y una cifra menor en la provincia.

En el libro Periodismo mexicano en una nuez se señala la importancia de las ilustraciones en el periodismo:

En 1826, Claudio Linati introdujo la litografía en México y publicó el primer periódico ilustrado  con litografías: El iris.  También, se destacan dos periódicos imprescindibles: El Siglo XIX y El Monitor Republicano, este último en 1841

El siglo XIX lo fundó Juan Bautista Morales, Mario Otero e Ignacio Cumplido, y lo dirigió Francisco Zarco, un defensor de la libertad de expresión. Sus artículos fueron base para hacer la Constitución de 1857

El Monitor Republicano fue editado por Vicente García Torres en 1844, periódico que dio atención a los problemas de campesinos y obreros.

¿Quiénes escribían en estos periódicos?

Manuel Payno (cronista), Francisco Zarco (novelista) y Guillermo Prieto (escritor), entre otros periodistas que hacían también literatura y que estaban identificados con las causas liberales.

¿Cuáles eran los temas?

Escribían  de política, literatura, comercio, sociología y de poesía.

El escritor Carlos Moinsiváis, en su libro A ustedes les consta, Antología de la crónica en México, esboza:

Los cronistas del siglo XIX documentan, y lo que les importa más, promueven estilos de vida, que hacen de la reiteración de algunas costumbres el verdadero ritual cívico

Están convencidos:

Indagar es el alma del pueblo, es observar lo que norma fatalmente la conducta. Al hacer una línea del tiempo del periodismo en México y de los literatos que se sumaron al oficio, elabora un breve perfil de cada uno de los exponentes del siglo XIX.

El estilo coloquial de Guillermo Prieto reconoce la vitalidad del habla popular y señala una pauta: recrear lo que surge de abajo, es el método más republicano a la disposición, el reemplazo del idioma clerical por los rumores de la calle.

Manuel Payno en Los bandidos de Río Frío, y Guillermo Prieto en sus crónicas, manejan con humor los estereotipos y los arquetipos verbales, revelan las astucias del habla “inocente” y adelantan los cambios lingüísticos

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Según Ignacio Manuel Altamirano, a los escritores les toca crear una literatura nacional, no la empresa narcisista que el adjetivo podría sugerir, sino la producción de poemas, cuentos, novelas, crónicas y ensayos.

José Tomás de Cuellar (1830-1894), alias Facundo, publicó las crónicas Baile y cochino, Las jamonas, Ensaladas de pollos y Los fuereños, sus mejores textos: “valen por el deleite narrativo, la índole de los personajes, el trazo de la sociedad como la infinitud de chismes organizados en forma coral”, añade Monsiváis.

Para Guillermo Prieto, la prensa es el freno para sujetar las demasías de los gobernantes y poderosos, el apoyo más firme de la libertad y el medio más eficaz de difundir conocimientos y popularizar la instrucción

Empero, en Lecciones a un periodista Novel, piensa así:

Si escasean las noticias gordas, invéntalas como mejores te parezca para tus fines, sin importarte un bledo que al día siguiente queden por embusteros tus fidedignos corresponsales, porque la mentira y más entre periodistas es pecado venial que con pan bendito se cura, y el mentir los periódicos es tan antiguo y tan ordinario que para ponderar la mendacidad de una persona dícese de ella desde hace dos siglos que miente más que la Gaceta.

Otra veces decía: No será posible integrar la nacionalidad sin saber cómo vestimos, qué comemos, cómo disfrutamos las tertulias, de qué manera encarnamos el sentimiento heroico, qué leemos, qué nos apasiona, qué bailamos, qué tipos populares admiramos o tenemos o nos divierten, en qué muebles distribuimos nuestros afanes de conversación memorable y sociedad esplendente.  

En el ensayo El establecimiento del México independiente (1821-1848) de Josefina Zoraida Vázquez, este periodo fue prolífico en varias áreas:

La Academia de San Juan Letrán y el Ateneo Mexicano se convirtieron en vehículos de difusión, a la que también contribuyeron publicaciones como los calendarios y almanaques con sus cápsulas históricas y científicas. No obstante, las publicaciones de mayor circulación fueron los periódicos, folletos, hojas volantes de carácter político, leídos con avidez en barberías, pulquerías, cafés y plazas. También floreció la literatura, con novelas, dramas, ensayos y memorias de José Joaquín Fernández de Lizardi, el pensador mexicano; Fernando Calderón, Manuel Eduardo de Gorostiza, Guillermo Prieto, Bernardo Couto e Ignacio Ramírez, el Nigromante.

En el apartado Panorama de la literatura mexicana del siglo XIX, el investigador Manuel Sol -apoyado en los ensayos de Ignacio Manuel Altamirano- establece que la literatura decimonónica se clasificó en: Generación de la Independencia, Generación de la Academia de Letrán, Generación del Liceo Hidalgo y Generación de la Reforma o de la Segunda Guerra de Independencia. Cito:

A la Generación de la Independencia, particularmente en poesía, pertenece entre otros, Andrés Quintana Roo, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Francisco Ortega y Wenceslao Alpuche

El más destacado fue Quinta Roo: de pensamiento elevado, noble y correcta su versificación. En prosa, se resalta, a Fernández de Lizardi y a Fray Servando Teresa de Mier.

La Academia de San Juan Letrán -amplía Sol- surgió a mediados de 1836 y existió hasta principios de 1839. A los 18 años, la fundó el escritor Guillermo Prieto, y junto a él, otros literatos; entre ellos: Manuel Tossiat Ferrer, Juan Nepomuceno Lacunza, José María Lacunza, Eulalio M. Ortega, Antonio Larrañaga, Ignacio Rodríguez Galván, Fernando Calderón y Manuel Payno. Lo harían después Quinta Roo,  José Joaquín Pesado y Manuel Carpio.

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Esta Academia publicó cuatro volúmenes de Año Nuevo y El recreo de las familias, poesía y narrativa.

En voz de Prieto: lo más grande y trascendental de la Academia fue su tendencia decidida a mexicanizar la literatura, emancipándola de toda otra y dándole carácter peculiar.

Guillermo Prieto publicó ensayos y poesía, como Musa callejera. Pero otros como Rodríguez Galván optaron por el teatro y dejaron huellas con las obras: Muñoz, visitador de México y El privado del virrey. De Payno, se reitera sus novelas María y Los bandidos de río frío, y su poemario La huérfana.

El Liceo Hidalgo fue dirigido por Francisco Zarco en 1851. No sólo se publicaron obras de ensayos y poesías, sino que se promovió la traducción de las mejores obras francesas e inglesas y se investigó la historia popular. Sol añade al citar a Altamirano:

Se escribieran dramas y poesías patrióticas, y sobre todo, se fomentara, la discusión de la filosofía racionalista.

En estos años, 1851, se lanzó al mercado La ilustración mexicana, un impreso en el que colaboró Zarco.

En El Liceo Hidalgo colaboraron: Fernando y Manuel Orozco y Berra, Marco Arróniz, Francisco Granados Maldonado, Joaquín Téllez, Luis G. Ortiz, Félix María Escalante, José Tomás de Cuellar, Dolores Guerrero, Pantaleón Tovar, José María Esteva y Francisco González Bocanegra. Este último escribió más que las letras del himno nacional mexicano; publicó poemas en La ilustración mexicana y algunos de estos se titularon: A mi lira, A una rosa marchita, Desengaño, Juventud y Recuerdos y esperanzas.

En la Generación de la Reforma, el propio Ignacio Manuel Altamirano señala que ésta es “absolutamente independiente de las tradiciones académicas”, y en lo político, era partidaria de la democracia y del odio a la tiranía y al fanatismo.

En esta generación participaron: Juan Díaz Covarrubias, Vicente Riva Palacio, Juan A. Mateos, Juan Valle, Ramón Valle, José Rivera y Río, Alfredo Chavero, Juan de Dios Arias, José María Ramírez, Eduardo Ruiz e Ignacio Manuel Altamirano, autor de la novela romántica El Zarco que se publicó en 1901.

Manuel Sol, a través de una serie de ilustraciones, destaca la publicación de otras novelas: El filibustero de Eligio Ancona en 1866, y La astucia, el jefe de los hermanos de la hoja, de Luis G. Inclán.

También, refiere a una Generación llamada Contemporánea o del 70 (un resurgimiento del Liceo Hidalgo), y en la que estaban: Manuel Acuña, Justo Sierra, Santiago Sierra, Agustín F. Cuenca, Gonzalo Esteva, Rafael de Zayas Enríquez, Luis González Obregón, Manuel Gutiérrez Nájera, Ángel del Campo; y otros.

Por ejemplo:

Manuel Acuña escribió Nocturno a rosario y se inició en El parnaso Mexicano, una antología de poesía mexicana. A la par publicó en El Renacimiento, periódico literario.

Manuel Gutiérrez Nájera fundó -con el apoyo de Carlos Díaz Dufoo- la revista Azul.

Se incluye, además, la figura del tabasqueño Manuel Sánchez Mármol, autor de cuentos y ensayos publicados en la capital del país, en Tabasco y Yucatán. Y la de Salvador Díaz Mirón, quien desde muy joven publicó poemas en El parnaso mexicano, editado por Vicente Riva Palacio, así como la figura de Amado Nervo, uno de los precursores del modernismo en México.

De Federico Gamboa, Sol, precisa -en la investigación- que su novela Santa (1903) fue un éxito editorial: 62 mil ejemplares. Una obra literaria considerada en la corriente naturalista.

Se publicó, igualmente, La república literaria entre 1886 y 1890, dirigido por José López Portillo y Rojas. En estas hojas publicaron escritores románticos, clásicos, realistas y modernistas

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Para Sol la literatura del siglo XIX comprende del año 1810 a 1911

El año de 1868 (Reed y Ruiz, 2002) vio un importante renacimiento literario de México, íntimamente relacionado con el desarrollo de la prensa.

Se establecían periódicos, se formaban sociedades literarias y se celebraban sesiones en que se leían poesías, artículos en prosa y discursos, ante un público entusiasta.

En estos años del XIX hubo una producción amplia de impresiones. Se publicaron novelas picarescas y campiranas, pero también crónicas literarias. El número de periódicos publicados en el siglo XIX fue basto y sus nombres peculiares.  En estos años, la libertad de expresión era una búsqueda de los periodistas y escritores. Se practicó la censura y se decomisaron las imprentas. El XIX habría de sentar las bases de la literatura vigesémica que sobresalió en la literatura universal a través del cuento, la novela y la poesía.

 

Anexos:

Manuel Payno (1810-1894)

Político, ocupó diferentes puestos en el gabinete. Diputado y diplomático

Periodista y narrador. Novelas: El fistol del diablo y Los bandidos de río frío.

Guillermo Prieto (1818-1987)

Político y ministro

Escribió: Memorias de mis tiempos, Viajes de orden supremo y numerosas crónicas

Francisco Zarco: (1829-1869)

Duranguense

Periodista y crítico liberal

Su obra definitiva fue: la Historia del Congreso Constituyente de 1856-1857)

Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)

Poeta, novelista, orador, historiador y liberal.

Dirigió El renacimiento (1869)

Escribió crónicas de la semana y lección de moral

Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895)

Narrador, periodista y poeta, iniciador del Modernismo en México.

Gran crítico e irónico de la sociedad mexicana. Firmó sus crónicas con diferentes sinónimos, pero el más famoso fue El duque Job

Federico Gamboa (1864-1939)

Santa, su novela, se publicó en 1903

Manuel Acuña: (1849-1873)

Poeta pionero del romanticismo

Escribió Nocturno a Rosario

Vicente Riva Palacio (1832-1896)

Escritor, periodista y político

Dirigió El Ahuizote

Escribió novelas, cuentos, ensayos, novelas y obras de teatro.

 

 

Referencias bibliográficas:

Florescano, Enrique, Literatura, historia ilustrada de México

Con la coautoría de Pablo Escalante, Erik Velásquez, Antonio Rubial, Manuel Sol y Alejandro Toledo.

Penguin Random House grupo editorial, Debate y Conaculta, 2014, México.

Fernández de Lizardi, José Joaquín. El Periquillo Sarniento, sus extraordinarias venturas y desventuras. Felipe Garrido, Sixto Valencia Burgos y Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Academia Mexicana de la Lengua. 2006, México, Págs. 9-18

Moinsiváis, Carlos. A ustedes les consta Antología de la crónica en México

Editorial Era, 2006. México. Págs. 25-41

Musacchio, Humberto. Alfonso Reyes y el periodismo. Colección periodismo cultural. Conaculta, 2006, México. Pág. 79 y 80

Prieto, Guillermo. Lecciones a un periodista Novel. Editorial Planeta / Conaculta 2002. México. Pág. 24

Reed Torres, Luis / Ruiz Castañeda, María del Carmen. El periodismo en México. 500 años de historia. Editorial EDAMEX, 2002. México Pág. 212

Vega, Patricia. Periodismo mexicano en una nuez. SEP / Trice Ediciones, 2006

México Págs. 29-40

Zoraida Vázquez, Josefina. El establecimiento del México independiente (1821-1848), en: Historia de México. Academia Mexicana de la Historia / SEP / FCE. 2009, México. Coordinadora: Gisela Von Wobeser. Pág. 180

 

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Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.