El debate entre la inseguridad y la incertidumbre: el papel de las instituciones

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Columna “A través del espejo” Juan Torres Jiménez  20/04/2017

 

En pasados días  un joven de 24 años fue víctima de la delincuencia e inseguridad cuando en la Zona Luz  de Villahermosa fue apuñalado y después de eso aun pudo pedir ayuda a quien tuvo a su alcance, y vivir para contarlo, generando una polémica debido a que la ciudad se encuentra rodeada de la gendarmería y que esta no tuvo presencia mientras ocurrió el acto o tal vez hizo caso omiso. No siendo todo, la mañana del lunes, tres sujetos con pasamontañas y pistola en mano agredieron a una señora entrando en su domicilio y llevándose a su hijo de siete años.

Como estos recientes hechos que continúan sembrando inestabilidad social, sabemos de los muchos casos que se dan en el estado y ante los cuales aún no se ha podido establecer una línea de integridad. Sin embargo el diputado local Juan Manuel Fócil dice que “los tabasqueños estarían exagerando sobre la percepción de inseguridad y que realmente no estamos tan mal”, se le olvida que existe una realidad social  que al parecer no ve como muchos diputados.

Al respecto, causa controversia que el fin de enviar y llenar la ciudad de cuerpos policiacos federales es procurar la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos como se ha dicho, pero poco han servido sus esfuerzos, pues los acontecimientos que a diario se viven continúan alertando a los ciudadanos. Cifras del barómetro internacional señalan que el 90% de los mexicanos no confía en la policía, en los agentes que están procurando la seguridad pública, así también, una encuesta reciente de Parametría señala que un 77 por ciento de la población le inspira poca o nada confianza la policía estatal. Precisamente porque se deja ver que la corrupción también es un platillo con el que se alimentan ellos y no quiero decir que todos. Sin embargo es verdad que la que la policía se ha convertido en una de las instituciones con mayor desprestigio en el país.

Los buenos policías, tienen que infundir en su institución la honestidad y eficacia, porque es débil su labor si no cuentan con el respaldo suficiente, lo mismo pasa con los ciudadanos que no nos queda de otra más que actuar con valentía y protegernos entre nosotros, denunciar los actos violentos y convertirnos en pilares para prevenir la violencia y delincuencia, porque también tenemos parte en la prevención y erradicación del delito.

Ante lo señalado, también es necesario erradicar la impunidad que es uno de los problemas principales de la corrupción y la inseguridad pues según un instituto de Monterrey cerca del 98.5 por ciento de los delitos en México no se castiga. Limpiar las instituciones encargadas de procurar la seguridad a nivel nacional, es un reto necesario, porque de continuar en la simulación, solamente se estaría garantizando una lista de muertos y desaparecidos más extensa que ya no queremos.

Por problemas como la corrupción, violencia y lucha de poder, hoy somos testigos de los conflictos bélicos en el mundo y nos preocupa.

No se puede pensar en erradicar la violencia e inseguridad decorando las calles con cuerpos policiacos o con la inserción de soldados cuando están faltando otros aspectos por arreglar detrás como la generación de una red de conciencia que restaure el tejido social.

Los hechos que siguen siendo tinieblas en México aún necesitan ser disipados con la luz de hombres y mujeres decididos a transformar la realidad.

De esta manera, no dejo de creer en que la incesante tarea que compete a los agentes de seguridad pública puede realizarse con eficacia y eficiencia logrando credibilidad y acierto en sus principios, pero tampoco dejo de confiar en la capacidad de los ciudadanos para contribuir a esta causa social, donde desde la familia como el núcleo social, no se puede hacer un alto en la inculcación y fomento de valores que las instituciones educativas, a través del análisis del entorno también tienen que reforzar.

No se puede dejar de creer que el arte en sus expresiones es un generador de espacios trasformadores en los que se puede erradicar la violencia. Sustituir las armas y los pensamientos por ideas propositivas, libres y proyectos sustanciales, que permita continuar con la esperanza.

Con esta referencia de las instituciones de policía, se mira a las instituciones públicas y privadas de diferentes sectores del país que tienen que ajustarse los pantalones; regresar a sus principios y estatutos, devolverles la confianza a los ciudadanos y desempeñar como diría Luis González Obregón, su mejor papel, ahí radica su eficacia y credibilidad.

Cuando estemos dispuestos hombres y mujeres, estudiantes, profesionales y maestros, instituciones públicas y privadas y toda la sociedad en general a dar lo mejor de cada uno estaremos regresando la columna esperanzadora que brilla en los suelos mexicanos.

 

 

Juan Torres Jiménez Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Educación y del taller de teatro en la UJAT. Campeón Universitario de Oratoria y Campeón Estatal de Oratoria y Debate Político. Estudiante de literatura.