Educación en la debacle

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Columna “A través del espejo” Juan Torres Jiménez  15/05/2017

Expresiones de padres y madres que no pueden con sus hijos, que son tremendos, que no los pueden controlar, que no les hacen caso, que ni siquiera quieren estudiar, son algunas de las constantes que se hacen presente de manera cotidiana y que pareciera una mera invención, que lejos de serlo se convierte en una realidad de moda, porque cada vez más son aquellas situaciones en donde los hijos gobiernan a sus padres y construyen un mundo a su manera.

Coincidiendo con otras opiniones que observan lo mismo, es preferible y “cómodo” para los padres buscar a alguien más que pueda dotar a los hijos de una educación y enseñanza en muchas ocasiones por cuestiones de trabajo y en otras por no saber cómo acercarse, y a los profesores les cargan todo el peso de su formación. A caso ¿eso no es deslindar responsabilidades? O ¿una muestra de corrupción como pasa en diferentes sectores del país que flaquea cuando cada uno no hace lo que le corresponde de la mejor manera?

Piaget en su teoría del aprendizaje señala que hay etapas del desarrollo y madurez cognitiva donde desde la imitación, los aprendizajes concretos y el pensamiento reflexivo son indicativos para adoptar la instrucción y limites acordes a cada etapa. Pero la imitación sin duda marca un parte aguas en la adquisición de hábitos, normas y construcción de la personalidad.

Aspectos como la influencia de los medios de comunicación, el ambiente familiar y de los compañeros de escuela, nos lleva a percibir escenas que deprimen el entorno social como la famosa tendencia de la ballena azul, que hoy ha hecho viral un video, o la presencia y fama de figuras como “La Mars”. Que ponen sobre la mesa una serie de preocupaciones social-educativas urgentes de atender.

Es verdad que la educación ha de ser una práctica de la libertad como lo afirma Paulo Freire, y ese es el verdadero reto, enseñar en y para la libertad. También en todo el crecimiento de los niños, adolescentes y jóvenes hay que enseñarlos a pensar como lo ha dicho Robert Swartz y hacer del pensamiento un arma de estabilidad social. Pensamientos e instrucción contextualizados, humanizados y transformadores en la línea de Giroux.

Porque los problemas de los cuales nos rodeamos tienen remedio cuando se analiza la situación desde la raíz.

De acuerdo con datos de la Subsecretaria de Educación Media Superior (SEMS), a nivel nacional cerca de 650 mil alumnos por año desertan en el bachillerato lo que representa casi el 50% de los estudiantes.

Lo que tenemos que hacer todos es estimular la creatividad en los chicos y grandes, la agilidad de pensamiento y de memoria de los que Ken Robinson no se equivoca cuando habla de las escuelas creativas. Ya desde el vientre se comienza a educar a la persona a través del dialogo, a través de la lectura, despertando el amor a la vida y al estudio. Entonces ahí, en el núcleo familiar se empezará a formar un ser con habilidades, competencias y objetivos, con principios y valores que en la enseñanza escolar será más fácil reforzarlos, y de los que no tengamos que quejarnos.

Hay que explotar las capacidades que una persona puede tener manteniendo vivo el pensamiento y las inteligencias múltiples. Comprobado está que a través de cálculos, deletreos, y juegos de palabras florecen los seres pensantes e inteligentes. Los planes y programas de estudio tal vez estén carentes de sustento y alternativas que rescaten la situación educativa, pero depende mucho de la atención y los espacios en los que se desarrolle el ser humano, depende de adquirir una disciplina que sea parte de nuestra vida, depende de desarrollar identidad y sentido de pertenencia, que borren de la mente pensamientos negativos o suicidas. Sino por el contrario, se cambien por la construcción de proyectos, donde el deporte, las letras y las artes sean el aliciente necesario para la debacle.

Finalmente armemos un discurso donde profesores, estudiantes, la familia y la sociedad en general sean persuadidos por la grandeza de la educación.

Juan Torres Jiménez Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Educación y del taller de teatro en la UJAT. Campeón Universitario de Oratoria y Campeón Estatal de Oratoria y Debate Político. Estudiante de literatura.