Rulfo y el amor

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Columna  “La voluntad de vivir” Carlos B. Lara Romero

El pasado 16 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento del poeta Juan Rulfo, un hombre perpetuo, ya que sus obras “El llano en llamas” y “Pedro Páramo” fueron suficientes, para salvar el mundo de los mendigos de amor. Así es, pues sus cuentos y su única novela, logran conjuntar ese abismo entre la poesía y la narrativa. Cuando leí por primera vez a Rulfo, era tan solo un adolescente, y recuerdo que inauguró mi mundo de nubes y de letras, me dejó soñando en vida.

Luego supe del amor de Rulfo por su esposa Clara Aparicio, quién decía que Juan le sonreía con los ojos, y que el silencio era una grata compañía. Era el amor de Rulfo. Ahí comprendí que su maltrecho y melancólico corazón, se balanceaba en la luna del amor, por eso siempre su gesto final era inundado de una lacónica sonrisa, breve y profunda, pero llena de amor.

Ahora estoy convencido, que la poesía surge del verdadero amor. Que se torna violeta el cielo y aperlada la luna. Cuando uno está enamorado; las palabras se sacuden, escapando de un corazón desbordado. La poesía se derrama, como una dulce y ambarina miel, los sentidos se agudizan ante la persona amada. Hay un desconsuelo en el alma, al estar eternamente lejos de la mujer amada. El cielo es cómplice; al consagrarnos en fábulas de colores. Nos volvemos voraces y desesperados por estar cerca del corazón amado.

Entonces, en el centenario del natalicio del poeta, hasta ahora, pude concatenar el corazón con las letras; unicornio indomable, brisa liberadora. El amor derrota cualquier tragedia, nos hace ver algodones de nubes, el color azul se vuelve tu preferido, sabes que el sol te acompaña. Nos hacemos vulnerables, siempre hay una mezcla de dulzura y pasión. Por fin conoces a tu “musa”, y la convocas; cuando la soledad se va llenando de ti.

Gracias Rulfo.

 

 

Carlos B. Lara Romero. Narrador y Doctorante en Derecho por la Universidad Olmeca.

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