La crítica crisis de nuestro tiempo unas miradas desde la literatura

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ENSAYO

 

El arte es como el suero de un infectado:

Puede convertirse en la vacuna para otra experiencia

Alexandr Revalski, historiador

Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich

 

Magnolia Vázquez Ortiz*

 

I

Todos los tiempos son tiempos de crisis y éstas tienen su origen en una necesidad o en los cambios que se dan en cualquiera de los espacios de la vida del hombre en sociedad. En el siglo recién dejado atrás por ejemplo, las revoluciones sociales en América, en el oriente de Europa y en África; las dos guerras denominadas mundiales con la tercera en puerta; la existencia de los gobiernos dictatoriales/totalitarios; el uso/abuso de la ciencia y  tecnología fueron y aún son -estas últimas sobre todo- situaciones que plantean al hombre del presente ya no una crisis específica y local, sino un problema de existencia planetaria, misma que pone en juego todos los medios necesarios para vivirla, enfrentarla y resolverla de la mejor manera posible.

Este nuestro tiempo es el resultado de todas las crisis y transformaciones vividas en el siglo XX y como la misma experiencia lo ha demostrado, lo que sucede en uno de los ámbitos repercute en otro o en los otros. El arte no es ajeno ni indiferente a estos sucesos[1]  y ha dado respuestas desde su lugar a cuestionamientos sociales, filosóficos, científicos y políticos.

Rosa Montero expresa en su libro La ridícula idea de no volver a verte[2], que La creatividad es justamente esto: un intento alquímico de transmutar el sufrimiento en belleza. El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles) pero nos consuelan del espanto. Esta visión suya sobre la literatura es a propósito del lado trágico de Marie Curie y de la misma autora en su experiencia con la muerte inesperada de sus amados esposos, uno por accidente[3] y el otro por portar la enfermedad que invade el siglo XXI: el cáncer.

Pero, aunque La ridícula idea de no volver a verte es un homenaje a Marie Curie por cómo enfrentó su pérdida y su quehacer de científica sin Pierre[4],  y una forma de trasmutar el duelo hacia la escritura en la propia Rosa Montero, el libro nos muestra además la paradoja de la ciencia cuyos científicos, Pierre y Marie, al descubrir y trabajar la radio que funcionará como cura en el combate contra las células oncógenas, hayan padecido y muerto (en este caso Marie) por el antídoto del cáncer: estos científicos al estar en contacto permanente y casi amoroso con el radio, destruyeron silenciosa y progresivamente sus huesos y organismo interno.

El cáncer fue pronosticado[5] como uno de los males de nuestra época por un físico que decidió trasladar su don y su saber de alquimista en la ciencia a la esfera de la literatura: Ernesto Sábato, quien por fortuna dejó a tiempo sus ensayos científicos en los laboratorios Curie[6] donde trabajaba con las materias primas que constituyeron pocos años después las bombas atómicas que aniquilaron a la población de Hiroshima y Nagasaki a mediados del siglo XX; que aniquilaron también la forma de vida de una parte de la población de la ex Unión Soviética a finales del mismo siglo cuando explotó la planta nuclear de Chernóbil[7] y que amenazan con aniquilar también a la humanidad entera.

En Sábato este primer saber, no el de la ciencia usado con fines benévolos sino el de la ciencia como creadora de enseres domésticos elaborados con sustancias nocivas para el ser humano y de su uso perverso para someter al hombre mismo[8], quizá lo salvó de vivir el sufrimiento mortal de su propio cuerpo -aunque no de su espíritu pues fue testigo de lo que veía venir- y que desafortunadamente los Curie no pudieron o no quisieron evitar. Quizás ellos a conciencia sacrificaron su propia vida como una muestra de su elevado altruismo[9] por el bien de la humanidad aunque después sus descubrimientos y aportaciones a la ciencia se hayan contaminado con el poder enfermizo de algunos dirigentes políticos.

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Un segundo saber, el de la utilidad del arte, específicamente el de la literatura como memoria y como espejo de la condición humana, llevó a Sábato a la práctica de la escritura en la novela y el ensayo. En su libro La resistencia, su voz no consuela como consuela la voz de Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte ante una tragedia personal, sino alerta, con la mesura característica de sus ensayos, del peligro que encierra la ciencia y tecnología para la sociedad cuando se hace un mal uso de ésta. Sin embargo, a pesar de tener conocimiento sobre él, Sábato no toca el siniestro ocurrido en Chernóbil como posteriormente lo hace Svetlana Alexiévich, tan apegada a la realidad y cuya finalidad es tal vez sacar del estado de ¿indiferencia, abulia existencial? al hombre de nuestros días.

 

II

Svetlana Alexiévich en este presente continuo, también aporta no su granito de arena sino un gran saber sobre la existencia del hombre contemporáneo. Premio nobel de literatura 2015, en su libro de crónica Voces de Chernóbil, nos llama en alta voz. En altavoz nos va mostrando el horror de una catástrofe natural provocada por la mano del hombre. No busca conmiseración. No busca dolerse en los otros. Incluso, no busca consuelo. Busca hacer oír a través de coros de voces –guardando fidelidad a cada voz que los compone- la experiencia de muerte de una forma de vida y de una forma de muerte jamás imaginada. Tal vez Rosa Montero en su novela Lágrimas en la lluvia[10] con sus personajes humanos, tecnohumanos y alienígenas marginados, nos puede acercar algo, desde la ficción, a estas vivencias de las víctimas sobrevivientes y aun vivientes. Pero como dice la misma Alexiévich, la explosión de la planta nuclear de Chernóbil y la nueva realidad derivada de ésta, anula cualquier posibilidad de la vida reflejada en cualquier texto de ficción o de cualquier acontecimiento pasado como la bomba caída en Hiroshima y Nagasaki.

Narran estas voces no anónimas -porque Alexiévich no quiere que se pierdan entre la masa sino que representen lo que son: hombres y mujeres de carne y hueso con nombres, apellidos, edad, localidad donde nacieron y morirán- de la sorprendente belleza de la muerte. Luminosa y pacífica. No llegó tumultuosa ni con el rostro de la guerra aun cuando hubo desalojos, evacuaciones, destierros. La radiactividad incolora, inodora, inasible, se hizo una con la vegetación y elementos del medio ambiente; se mimetizó con la frondosa y colorida naturaleza pero su invisibilidad no impidió que vertiera su lado oscuro y monstruoso en los seres vivos, incluyendo a sus creadores.

Es angustiante escuchar a cada voz narrando su experiencia. Desfigurados. Desterrados. Exiliados de la felicidad, del amor, de la procreación. Los apestados, “Erizos de Chernóbil. Luciérnagas”. Los radioactivos. Los inhumanos.

Cito solo dos fragmentos de ambos lados de la condición humana, la razón y el corazón:

– No debe usted olvidar que lo que tiene delante ya no es su marido, un ser querido, sino un elemento radioactivo con un gran poder de contaminación. No sea usted suicida. Recobre la sensatez.

            Pero yo estoy como loca: “¡Lo quiero! ¡Lo quiero!”. Él dormía y yo le susurraba: “¡Te amo!”. Iba por el patio del hospital “¡Te amo!”. Llevaba el orinal: “¡Te amo!”. Recordaba cómo vivíamos antes. En nuestra residencia…él se dormía por la noche después de cogerme de la mano. Tenía esa costumbre, mientras dormía, cogerme de la mano…toda la noche.”

Así se mantuvo Liudmila Ignatenko joven y recién estrenada amantesposa, todos los días y todas las noches al lado de su marido bombero Vasili Ignatenko desde que fue a apagar el fuego de la planta nuclear hasta el momento de su muerte, tomados de la mano. Así se mantuvo y mantiene al lado de su hija, Larisa Z., cuya niña recién nacida tuvo el siguiente diagnóstico:

Niña, nacida con una patología compleja múltiple: aplasia del ano, aplasia de la vulva, aplasia del riñón izquierdo”. Así suena en lenguaje médico, pero en palabras normales es: sin pipí, sin culito y con un solo riñón…Los niños como ella no viven, se mueren enseguida. Ella no murió porque la quiero.

En Voces de Chernóbil hay muchos estallidos a diferencia del único que desató la catástrofe ambiental y humana. En Voces de Chernóbil, crónicas del futuro –no deja de ser alarmante y realista lo que sugiere el título del libro- se deja escuchar el estallido del horror y de la muerte de quienes sufrieron en carne y espíritu vivo el impacto nuclear, las transformaciones insólitas de hombres en elementos radiactivos; se deja escuchar el estallido de varias quejas sociales: del grado de ignorancia en que nos hemos sumido aun con tanta información a la mano; del grado de manipulación de los medios fácticos controlados por el ambicioso e infinito poder político de hombres consumidos por este mismo poder, y del grado de destrucción del mundo al que hemos llegado al mantener una actitud impasible ante lo que hacen unos pocos y afecta a muchos, casi todos.

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Dice Nadezhda Afanásievna Burakova: Para algunos, Chernóbil es una metáfora. Un símbolo. En cambio, para nosotros es nuestra vida. Simplemente la vida.

Además de admirar la capacidad de adaptación del hombre ante cualquier eventualidad externa sin importar lo fatal y pavorosa que pueda ser, se deriva una pregunta de esta reflexión ¿Necesitamos una o más metáforas aterradoras y mortíferas para empezar a actuar y cuidar de nosotros mismos?

III

Svetlana Alexiévich no es la única escritora que ha publicado sobre Chernóbil, ni la única que ha tocado el tema de la catástrofe ambiental a la que estamos llevando al mundo y a la vida tal como la conocemos ahora[11]. Eduardo Galeano, en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés[12], entre otros temas como la impunidad, la injusticia y los privilegios de los “dueños del mundo”, también nos ilustra con datos e información muy actual sobre cómo los “exterminadores del planeta”, léase los grandes consorcios industriales, nucleares, tecnológicos, automotrices, desde hace más de medio siglo están destruyendo la vida y más conscientemente la vida de los siempre pobres y miserables al trasladar sus industrias al medio donde estos viven.

La voz de Galeano nos dice que no necesitan explotar cinco o veinte bombas nucleares para que vivamos la experiencia trágica de Chernóbil, Hiroshima o Nagasaki porque ya lo estamos viviendo de una forma lenta y silenciosa en los diversos lugares del mundo donde existen derrames petroleros, industriales y nucleares. Dice:

La humanidad entera paga las consecuencia de la ruina de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los bienes mortales que la naturaleza otorga…las empresas más exitosas del mundo son también las más eficaces contra el mundo. Los gigantes del petróleo, los aprendices de brujo de la energía nuclear y de la biotecnología, y las grandes corporaciones que fabrican armas, acero, aluminio, automóviles, plaguicidas, plásticos y mil otros productos, suelen derramar lágrimas de cocodrilo por lo mucho que la naturaleza sufre.

Dice también que es el veinticinco por ciento de la humanidad quienes cometen el setenta y cinco por ciento de los crímenes contra la naturaleza, y para variar, los más afectados son el setenta y cinco por ciento restante de la humanidad que viven en los países pobres de cualesquiera que se encuentren en la zona sur de los países “progresistas”. México entre estos. Basurero industrial del vecino país del norte.

¿A dónde llego? Últimamente mi mirada se ha encontrado con estas consecuencias nefastas para el ser humano, no solo en algunos estados de mi país sino en mi entorno inmediato. Explosiones en pozos petroleros. Derrames de gasolina por “ordeña de los mismos” o por pipazos en la carretera. El incremento de muertes por leucemia de niños y jóvenes en zonas petroleras. El aumento de cáncer en la población rural. ¿Y cuál es la repuesta a estos acontecimientos? Ninguna. De ninguno de los dos lados: ni del gobierno que sigue contribuyendo a la explotación del subsuelo y otorgando territorio a las grandes empresas transnacionales; ni de las víctimas directas que mueren, viven con enfermedades crónicas o nacen con mal formaciones orgánicas causados por la contaminación ambiental. ¿Qué hacer ante esta indolencia social? Cada área del saber, hará o no lo que le corresponde. Con la ilimitada cantidad de información que existe en nuestros días, mucho, mucho se puede hacer, mientras tanto, vuelvo al principio del presente texto: El arte es como el suero de un infectado: puede convertirse en la vacuna para otra experiencia.

Desde el lado de la literatura, en La resistencia, Sábato nos alerta, pero igualmente nos da esperanza. Nos recuerda los valores humanos como la solidaridad, el amor, la integridad familiar, incluso Dios, que pueden contrarrestar la vertiginosa corriente del consumismo tecnológico que abruma nuestros días; la tendencia más marcada del individualismo y la soledad en la que está cayendo nuestra sociedad cada vez más tecnohumana[13].

De Svetlana, además de lo inconcebible del suceso, se deja escuchar también el estallido del amor y del humor para soportar y adaptarse a las secuelas –milenarias en el tiempo- de esta tragedia, se deja ver la solidaridad y ayuda de quienes portaban un saber en esos momentos críticos y promovieron el cuidado de los suyos alertando a la población e informando sobre el uso del yodo para contrarrestar la inhalación de los productos nucleares. Incluso ella misma dice: “Chernóbil es un enigma que aún debemos descifrar…, tal vez el enigma del siglo XXI. Un reto para nuestro tiempo. Ha quedado claro  que además de los desafíos comunistas y nacionalistas y de los nuevos retos religiosos entre los que  vivimos y sobrevivimos, en adelante nos esperan otros más salvajes y totales, pero que aún quedan ocultos a nuestros ojos. Y sin embargo, después de Chernóbil algo se ha vislumbrado.”

Cierro con estas palabras de Sábato que hago mías y que son las que abren La resistencia:

Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que –únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.

 

 

 

Referencias 

[1] La creación de armas nucleares que han provocado daños irreversibles no solo en los seres humanos sino en todos los seres vivos y el medio ambiente como en el caso de Hiroshima, Nagasaki y Chernóbil, por mencionar las catástrofes más conocidas; y la cantidad de productos no reciclables a la par de una sociedad humana a la alza consumida por el  hiperconsumismo, vaticinan un futuro apocalíptico para el planeta que está a la vuelta de la esquina.

[2] Montero, Rosa. La ridícula idea de no volver a verte. Seix Barral, España, 2013.

[3] Pierre Curie, aunque muere atropellado por un carruaje, por su mismo trabajo con el  radio, tenía dentro de sí el germen del cáncer en un grado muy avanzado, una ironía de la vida, pues actualmente el radio mismo es utilizado para combatir las células cancerígenas.

[4]  El arduo trabajo que realizó Marie Curie siendo viuda de Pierre, mereció que ganara también el premio nobel de Química, con Pierre ganó el premio nobel de Física.

[5] Sábato, Ernesto. La resistencia. Una reflexión contra la globalización, la clonación, la masificación, Seix Barral/Biblioteca Ernesto Sábato, México, 2003.

[6] En su libro Antes del fin, Memorias. (Seix Barral, Argentina,1998)  Ernesto Sábato relata cómo dejó la ciencia física  para  dedicarse de lleno a la literatura a pesar de ser recriminado por sus colegas científicos y vivir en austeridad una buena parte de su vida en familia por esta decisión de la que no se arrepintió jamás.

[7] Alexiévich, Svetlana. Voces de Chernóbil, Debate, España,

[8] Las Guerras Mundiales…

[9] Marie Curie murió a los 57 años de cáncer y siempre manifestó su apoyo a las causas sociales.

[10] Montero, Rosa. Lágrimas en la lluvia. Seix Barral España/ Planeta  Mexicana, México, 2011.

[11] En su libro La locura ecocida. Ecosofía psicoanalítica (2010), Luis Tamayo hace una lectura alarmante de lo que acontece a nivel mundial en las primera década de nuestro siglo y coincide con Galeano sobre el incremento de enfermedades cancerígenas por el uso de pesticidas y de industrias como la automotriz  que generan una gran cantidad de plomo que se esparce en el medio ambiente; además de señalarnos que el tema ha sido abordado no solamente por ambientalistas o científicos sino también por filósofos y escritores desde mediados del siglo pasado.

[12] Galeano, Eduardo. Patas Arriba. La escuela del mundo al revés. Siglo XXI, México, 1998.

[13] A propósito de este tema y término, en su novela Lágrimas en la lluvia, Rosa Montero describe un futuro cercano, no apocalíptico pero sí más sórdido y abrumador que el vaticinado por Ray Bradbury en Fahrenheit 451.

 

*Es profesora en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Ha publicado artículos y participa en el grupo El Jalón literario.

Fotos de portada e interiores: Google