La escritora que suministra armas a los niños para que domestiquen sus miedos

0
507

Guadalupe Alemán Lascurain (Ciudad de México) es una mujer ferviente de la narración. Disfruta, como pocas, de leer y escribir y de contar sus propias versiones de los hechos que observa en la calle, en las plazas y en su vida. Así lo retrata en sus obras.

Alemán, escritora de cuentos infantiles, cree en la existencia de lectores y dedica su tiempo a escribirles historias fascinantes y con un sentido que los conducirá a la reflexión.

Ella, ganadora de premios como el IBBY (1998), ha publicado libros de cuentos como El nombre de las brujasEl club de los atrevidos, El árbol de las preguntas, Prefiero comer lombrices, entre otros.

Con una gran sonrisa que siempre la lleva a cualquier sitio, define que es una escritora feliz porque a través de sus publicaciones están las historias que ha deseado relatar.

Aunque en el sur de México se conozca poco su obra, Alemán es una escritora que está considerada como una gran narradora de cuentos, que sus obras, incluso, se han agotado cuando son puestas en venta en las librerías del País.

Platiqué con Guadalupe Alemán en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México, en donde se ejercita en la docencia. Después de escucharle hablar sobre una de sus grandes pasiones, la narración, decidí leer un par de sus libros para después plantearle 25 preguntas para los lectores de la revista Cinzontle. Leí, con mis hijos, El nombre de las brujas (Alfaguara), y días más tarde disfruté La domadora de miedos, uno de los últimos libros publicado en ediciones Castillo (del Grupo Macmillan).

Confieso que aprendí un sinfín de técnicas narrativas en los talleres que imparte Guadalupe Alemán, y que éstas a su vez las empleo en algunas de mis clases de redacción. Pero lo más importante, volví a creer en la literatura infantil a mis 30 años.

Una vez que memoricé La domadora de miedos, elaboré las preguntas para que nos compartiera sus experiencias de escritora y de cómo concibió este cuento.

Aquí sólo anticiparé que Emilia Grosz, la protagonista del cuento, ha cumplido 11 años y se autoregala un nuevo nombre: Mila.

Con Mila sucede un mundo de aventuras durante 16 capítulos del cuento. Una de ella, y la más importante, autoprovocarse Miedo. La idea de la obra es que los niños puedan dominar a sus miedos como lo hizo Mila. Y tú lector ¿podrás vencer a tus miedos? Guadalupe Alemán nos los dice:

Kristian Antonio Cerino

Ciudad de México

-¿Cómo nace La domadora de miedos? Tomaba un café cuando pensó en la historia o simplemente recordó su infancia.

-Acababa de publicar El mundo septiembre adentro y estaba buscando un tema para otra novela. De pronto recordé que mis pesadillas infantiles eran bastante extrañas y pensé: ¿por qué no usarlas como fuente de inspiración?

-Para quién está escrito La domadora de miedos ¿para los niños? ¿para los adultos? O ¿para los que aún no vencen sus miedos como sí lo logró Mila?

-Mientras escribo, nunca estoy muy segura de cuál será la edad de mis lectores (esa parte se la dejo a la editorial), pero supongo que esta novela es para niños grandes y adolescentes. Aún así, espero que los adultos puedan leerla, disfrutarla y encontrar en ella algo válido para cualquier edad.

-Por cierto, de niña le contaban historias y cuál era su favorita. ¿Llegó a odiar las versiones de los cuentos infantiles? Le pregunto porque sus historias buscan otro discurso, ese que no es oficial.

-Sí, tuve la suerte de crecer en una casa llena de libros y de lectores. De niña leía cuentos de hadas y mitos populares; historias llenas de brujas, ogros y lobos feroces.  Me fascinaban. No odio las versiones de los cuentos infantiles, más bien me rebelo contra ciertas versiones “higienizadas” de los cuentos, contra la idea de que los niños son seres débiles que no pueden lidiar con el dolor, la muerte o el miedo.

-¿Le han dicho los  lectores como yo que sí se han identificado con Mila o Verónica, con Diego o Felipe?  O ¿con el doctor Lucas y doña Paloma? ¿Qué le han dicho sobre sus personajes?

-Las niñas dicen identificarse con Mila. A otros niños les encanta el capítulo de Diego; comparten como él el miedo a los payasos.  Los adultos me preguntan mucho si odio a los psicólogos, que por qué trato tan mal al doctor Lucas. En general se preocupan porque los adultos de mis novelas no salen muy bien parados. No es que tenga nada en contra de los psicólogos (ni de los padres), pero es más divertido escribir desde la mirada de un niño, darle voz y voto frente a las autoridades que le rodean todo el día.

-Un escritor ¿está obligado a vencer sus miedos, a enfrentarse al yorror (el horror personal) y mofarse de él? O cree que los escritores están exentos de los de los conceptos establecidos en el Glosario de Miedos.

-Yo creo que el escritor trabaja desde sus miedos. Si los vence o los exorcisa, pierde algo. Escribimos (creo) para explorar territorios desconocidos, para arrojar luz sobre ellos. Si todo fuera claro, lúcido y apacible, no escribiríamos.

-Sus hijos, deduzco que son 2, ¿son temerosos o disfrutan de enfrentarse a sus miedos? Partiendo de su experiencia personal ¿qué les diría a los demás niños sobre sus miedos?

-Creo que son niños normales, y como todos, a veces tienen miedo, pero hemos tratado de que no crezcan dentro de una burbuja rosa. Curiosamente, disfrutan leer cuentos de miedo (adecuados a su edad, por supuesto) y no parecen estar traumados al respecto. Partiendo de mi experiencia, les diría a otros niños que este mundo es asombroso y lleno de misterios por descubrir. Tener miedo es normal: de hecho, es un síntoma de imaginación. Pero no hay que dejar que tu miedo te limite.

-Al principio Emilia que comenzó a llamarse Mila fue burlada con una cancioncita que decía “Milanesa” y al final también aparece la burla de la otra Mila (la vieja) que no la deja cruzar la última puerta, ¿usted cree que sólo podemos vencer o controlar nuestros miedos cuando aquel otro u otra se ha reído de nosotros? Y esto me hace recordar las palabras de Mila cuando dice que el miedo “no es caerse de la bicicleta sino la cobardía”.

-Uf, sí que leíste la novela con cuidado… ya ni me acordaba de esa parte. Pero bueno, sí creo que el miedo a vencer es al propio miedo, a ese “otro yo” que nos minimiza desde dentro. La vocecita que se burla, que dice “no puedes”, la que conoce tus debilidades, etcétera.

-Maestra ¿le gusta su nombre? Lo pregunto con respeto porque Emilia o Emy o Mili o Vanilli, un día amaneció en el marco de su cumpleaños diciendo que desde ese día se llamaría Mila. ¿Se identifica con Mila? ¿Se escribió esta historia pensando en aquellos o aquellas que un día despiertan y quieren una nueva vida y con otro nombre?

-Curiosamente, antes de saber de qué se iba a tratar el libro, ya tenía en la cabeza el primer renglón. No me gusta mi nombre, pero tampoco es algo en lo que piense mucho: vivo con él y ya. (Creo que hasta empieza a gustarme). Pero más allá de mi caso,  pienso que todo personaje se debe ganar su nombre: nos ponen uno al nacer, pero nuestro carácter hace que ese nombre nos pertenezca o  nos quede fatal.  Que Mila quiera cambiarse su nombre significa justo eso: que ya está lista para desprenderse de lo que sus papás quieren de ella para emprender su propio camino.

-¿Usted cree que los padres, lo último que piensan, son en los miedos de sus hijos y que al no comprenderlos concluyen que sus hijos no son “normales”? ¿Habría qué explicarles el famiedo?

No me atrevería a hacer afirmaciones tan categóricas, pero en mi experiencia (como mamá y como tallerista de adultos), a los padres nos angustia pensar que nuestros hijos puedan tener fantasías terribles. Preferiríamos que la imaginación de nuestros hijos estuviera siempre acotada en el marco de lo inofensivo  y pacífico. Creo que los padres tienen más miedo al miedo de sus hijos, que los propios niños. Y sí, habría que explicarles el famiedo. Mi novela es un intento por hacerlo.

-Se sigue pensando que los niños de hoy son tontos y que debemos educarlos como en el siglo pasado, ¿le preocupa?

-Bueno, también hay avances. Mi novela no es la única que toca temas difíciles para niños, en realidad se cuelga de una larga tradición de literatura infantil transgresora y atrevida.  Hoy, las librerías están llenas de ejemplos de lo que digo. Cada vez hay más gente combatiendo la idea de que los niños “son tontos”, desde múltiples trincheras: maestros, editores, ilustradores, escritores, pedagogos, psicólogos, etcétera.

-¿Cómo se le ocurrió lo del cuarto feliz? ¿Llegando a MacDonald´s?

Ja, más o menos… sí, Mac Donald´s y Barney, más varias fiestas infantiles a las que me he tenido que someter a lo largo de mi vida. El Cuarto Feliz representa esa cultura infantil condescendiente y empalagosa que me saca ronchas.

-Un sueño en un niño es ¿sinónimo de un artista?

-No, los niños son geniales, pero eso no los hace artistas. Les falta madurez y herramientas para traducir ese sueño en un lenguaje que diga algo a otros. Más bien lo plantearía al revés: todo artista está en contacto con el niño que lleva adentro.

-¿Qué significan las puertas para usted, las grietas, un hombre del tirol, un perseguidor o un mono de mármol?

-Significan las visiones ocultas en lo cotidiano, una mirada distinta o “no domesticada” al mundo que nos rodea.

-Lo que cuenta de Andrés y el pingüino es genial ¿Fue real? O ¿se lo contaron? Confieso que esa parte de la historia la sentí como dice el mismísimo Ezra Pound: con “lenguaje cargado”.

-Fue más o menos real, como todo lo demás. Yo recuerdo con mucho cariño que de chica visitaba con mi abuelo el Museo de Historia Natural de Chapultepec. Me encantaban los dioramas, y siempre me daba lástima la soledad del pingüino en el diorama del Polo Sur. Dato curioso: volví al Museo hace poco con mis hijos, y me paré frente al diorama del Polo Sur, y para mi sorpresa, no hay un pingüino solito, sino muchos. ¿Habrán cambiado el diorama desde que yo era niña, o mi imaginación se inventó la idea del pingüino abandonado? Por supuesto que yo nunca secuestré al pingüino disecado, pero me habría encantado hacerlo. Así que inventé a Andrés, que sí se atrevió a “salvar” al pingüino.

-Doña Paloma y el doctor Lucas ¿son viejos que existieron y que odió?

-Son mezclas de muchas cualidades negativas de varias personas que me he topado durante mi infancia. En cierto modo, son caricaturas: lo peor de varias personas condensadas en dos villanos.

-¿Se compadeció de Yovis cuando fue atada o se divirtió de la escena siendo usted la primera lectora de su obra supongo yo en voz alta?

-Me la pasé bomba. Me preocupé un poco de que los niños fueran demasiado violentos, pero no pude evitarlo. Incluso temí que no publicaran la novela por esa escena, y sin embargo, como ves, me salí con la mía.

-¿Cómo resolvió que el doctor Lucas tuviera fobia a los payasos o en este caso a doña Paloma, bautizada por Diego como Payaso?

-Uf, no sé, es de esos momentos felices durante la escritura en donde se van atando cabos que habían estado sueltos. No fue planeado, y sin embargo, salió. Me pareció un buen golpe de ironía que el gran “curamiedos” fuera a su vez víctima de una fobia. Pero así sucede: la gente más soberbia suele ser la que tiene la autoestima por los suelos; los tiranos son déspotas porque esconden sus propias inseguridades.

-Cómo llamaría a los que no creen en los sueños de los niños ¿”asesinos porque están matando al orden”?

-No, yo me resisto a juzgar directamente. Esa frase es horrible y por eso la pongo en boca de una persona odiosa. Obviamente, mis simpatías están con los niños, pero si elijo la forma de novela para comunicarlas es porque prefiero no emitir sentencias ni caer en actitudes totalitarias.

-Qué ve ¿Milas venciendo al yorror o niños y niñas muriendo por no cruzar esa última puerta?

-Ambas. Las Milas no se dan en macetas, por eso es la heroína. Pero quizás su ejemplo anime a otros lectores a cruzar la puerta del Yorror.

-Nuestro país ¿está fomentando la imaginación o la está bloqueando?

-Uf, la pregunta requiere un análisis a fondo, pero en general diría que los sistemas educativos del país no hacen mucho por fomentar el pensamiento crítico,  la imaginación o la lectura. Hay mucho camino por recorrer.

-Hay lectores de cuentos infantiles, ¿cuál es su panorama?

-Sí hay, y cada vez tienen más obras de calidad a su alcance. Las librerías de México están llenas de buena literatura infantil, sólo es cuestión de que nos animemos a explorarlas.

-Qué le enseña a los que asisten a sus talleres a propósito de la imaginación

-Que se cultiva y se entrena. Es una herramienta de trabajo que se debe mantener afilada, y si no se practica, se atrofia o se contamina.

-¿Duerme con libros como almohadas o con historias? O con un látigo preparada para enfrentar sus miedos.

-Con libros (varios) en el buró. Duermo como tronco y raras veces tengo pesadillas, en eso envidio a Mila.

-Es domadora de sueños o es domada por la adversidad o por el caos.

-Es domadora de miedos, y en este caso no es domada. Triunfa. Otra de mis heroínas (Andrea, de El mundo septiembre adentro) no corre con tanta suerte.

 -Algunos escritores suelen contar cómo le hacen para empezar a redactar, cómo le hace Guadalupe Alemán. Hemingway decía que él se escondía para redactar y que nunca concluía algo, sino que dejaban un hilito para continuar al día siguiente escribiendo, por aquello del terror frente a la hoja en blanco.

-Primero me armo de valor, porque la página en blanco sí me da miedo. Luego me siento durante cuatro o cinco horas al día a redactar. Tengo que ser muy disciplinada y no distraerme, porque una vez que la historia empieza a “carburar”, exige toda mi energía. Es talacha, y hay días más productivos que otros, pero trato de respetar las horas que destino a escribir.

Compartir
Artículo anteriorEl escritor incansable… y el de los premios.
Artículo siguiente¡Alto! El periodista no puede protestar
Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.