La parada literaria

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Un breve artículo sobre la importancia de rayar y subrayar los libros, sólo cuando un autor provoca en el lector el deseo de hacerlo. Foto: Perla Sandoval / Infonor                                                                                              

Kristian Antonio Cerino

“Un paradero literario es una frase en donde hay que detenerse”, afirmó el escritor y periodista mexicano Ricardo Garibay. Es una especie de epicentro localizado por el lector que luego entonces habrá de subrayar o encerrar con un lápiz;  es el punto exacto que el lector bordea también con el mismo lápiz para agregarle alguna nota que dirá: “aquí”, “atención”, “chingón”, “excelente”, “ojo”.

Garibay publicó Paraderos literarios en 1995 para la editorial Joaquín Mortiz, y un año después hizo un ejercicio similar para la editorial Océano, libro que se tituló Oficio de leer. En ambas obras Garibay sostiene que cuando el lector hace un alto frente a uno de los párrafos -llámese cuento, crónica, ensayo, novela y el poema- es porque ha descubierto algo asombroso. No hay libros recomendables sin anotaciones y subrayados.

Los lectores, en un nivel literal, sólo pasan sus ojos por la escritura y a veces descubren poco o nada. En cambio, los que están en los niveles inferencial y de lectura crítica, hacen otros hallazgos más profundos. Algunos lo hacen para el análisis y otros más para observar cómo el autor escribió la obra.

Imagínese cómo se siente un escritor -si es que llega a saberlo- que su novela no logró una sola parada literaria, o sea, un alto repentino del lector por querer apropiarse del párrafo persuasivo para después reescribirlo en una libreta de apuntes o en una hoja electrónica. Pero si sucede lo contrario, es decir, atrapó al lector en la página uno, y luego en la diez, y más tarde en la catorce, y luego en la veintidós, el escritor -si es que llega a saberlo- podría celebrar el stop del lector en esas hojas en las que comparte la visión, la idea, el fin, la metáfora, la descripción, la estructura narrativa.

Garibay fue uno de esos pasajeros, en el siglo XX, que paró el autobús de sus ojos para incluir en un par de libros esos párrafos, apartados que le inspiraron a pedir la parada.

Se paró porque: (encontró) “momentos de mucha felicidad donde el idioma de los autores abre para la intelección el misterio de la vida”. Así, sólo así, se detuvo en un centenar de párrafos de escritores mexicanos y extranjeros para escribir Paraderos literarios y Oficio de leer.

A los periodistas les sucede lo siguiente; al ver que un lector lleva en sus manos el periódico en el que escribe: si se detiene a leer el artículo que el redactor publicó y logra que el lector lo concluya, sentirá emoción. Si no fue así, sentirá decepción.

La parada literaria es la parada forzosa. Es como detenerse a comprar un libro en el Librobus o  mirar los impresos que colocan en las vitrinas del paralibro. La parada literaria es el propio hechizo que siente un estudiante cuando viaja en el autobús y descubre una frase que lo envuelve y lo hace pensar, reír, llorar, sentir. Lo hace estremecerse.

A los lectores principiantes les da miedo rayar los libros. El día en que miran para atrás y llevan cinco o diez años en el oficio, un día, más que otro, comienzan a anotar y a subrayar impresiones sobre la obra que leen. Entonces dejan de ser principiantes y se hacen llamar lectores de oficio. Todo lo marcan. Todo lo manchan. Todo lo reescriben sobre el mismo libro.

Otro escritor mexicano que ha hecho estudios sobre la lectura y los efectos que ésta tiene, es Juan Domingo Argüelles. Recientemente publicó Por una universidad lectora (Laberinto/UJAT, 2015), pero en esta ocasión nos referiremos a Escribir y leer con niños, los adolescentes y los jóvenes, Océano 2014.

De la manera en que Garibay se detiene en fragmentos, Argüelles hace lo propio con otras obras, con otros autores. Realiza paradas en donde considera importante subrayar un cuento, una novela, un poema.

En sus ensayos, Argüelles critica que se critique a los adolescentes y jóvenes por leer a éste u otro autor, si el libro que llevan en las manos no es de un escritor serio. Llámese serio a aquel que está clasificado como “buena literatura”.

Sin embargo, los adolescentes y jóvenes hacen paradas literarias en libros de vampiros, lobos, magos, naves intergalácticas; en fin.

Para Argüelles aprender a leer “es como empezar a alimentarse”, y narra:

Los peores músicos, según me cuenta un músico, son aquellos a quienes se obligó a aprender a tocar el piano o el violín, cuando lo que deseaban era practicar beisbol

Hemos dicho en otros momentos que la lectura provee al ser humano la oportunidad de reestablecer el orden en donde antes hubo caos. No es el oficio lector un acto para el mero almacenamiento de datos en ese afán tonto de sentir que sabemos.

El poeta y crítico literario, sentencia esta idea similar de la siguiente forma:

Si el único propósito de leer es acumular lecturas y la única consecuencia visible de ello es volvernos vanidosos y arrogantes porque sabemos y somos mejores a los demás, entonces el asunto resulta más ordinario que sublime, y menos noble de lo que solemos decir para hacerle propaganda a la lectura de libros. La mayor parte de los lectores consumados nos presentamos ante los demás como los modelos a seguir. Esto es muy aburrido y petulante

Lo anterior son afirmaciones basadas en años. Argüelles ha escrito la mayoría de sus libros sobre el tema lector. Ha publicado: ¿Qué leen los que no leen?, Historias de lecturas y lectores, Ustedes qué leen, La letra muerta, y Estás leyendo ¿y no lees?

Para abordar la temática de la lectura, Argüelles necesitó leer cientos de libros y hacer una parada obligatoria en  cada una de las obras: “los libros debieran servirnos para comprender mejor la existencia”, añade.

Entonces, en nuestro tiempo ¿el ser humano sigue encontrándole un sentido al oficio de leer? y, ¿cree que esos subrayados, o paradas literarias, le conducen a algún sitio, a lo utilitario?

Decir que leer es extraordinario, importantísimo, noble, maravilloso, estupendo, milagroso, transformador y mil calificativos más es pura cháchara insustancial si no tenemos ni damos prueba de ello.

A decir de Juan Domingo Argüelles, le hemos dado un valor “de fetiche a los objetos de la cultura, entre ellos al libro, y creemos que somos mejores porque nos sentimos mejores cuando leemos y porque leemos”.

En Escribir y leer con niños, los adolescentes y los jóvenes, su autor llega a otras conclusiones sobre la misma lectura. Cree que la propia vida podría estar por encima de los que nos dicen los libros a través de la escritura. En resumen, aconseja a los lectores a disfrutar del gozo que está más allá de una simple parada literaria:

Pero lo cierto es que la vida es mucho más importante y rica que la literatura, porque la literatura es solo una parte de la vida, y la vida está constituida por múltiples intereses, goces, quehaceres y emociones.

Bien te vaya, lector y que los libros te aprovechen.

Y una última cosa, que los libros también permiten:

-Acuérdate de vivir  -reitera en la última hoja el escritor que ensaya sobre la lectura.

¿Qué es lo que se puede enseñar de la literatura? Jorge Luis Borges decía que no se puede enseñar la literatura, sino acaso sólo el amor por ella. Fragmento que tomamos de otra parada literaria hecha por Bruno Estañol en su libro La mente del escritor, ensayos sobre la creatividad científica y artística.

¿Qué se puede enseñar de la lectura? No creo que mucho y todo, más que trasmitir el amor de lo que leemos, de ser genuinos y no falsos lectores que van por la vida contando libros que nunca leyeron ni leerán. Enseñemos entonces lo que hay en las obras: el mundo.

 

 

Referencias bibliográficas:

Garibay, Ricardo. Oficio de leer. Ediciones Océano. México. 2014.

Argüelles, Juan Domingo. Escribir y leer con niños, los adolescentes y los jóvenes. Ediciones Océano. México. 2014.

 

La parada literaria se leyó en el Tercer coloquio de lectores organizado por la UJAT. Abril, 2016.

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Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.