Mónica Lavín, la escritora inquieta

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Mónica Lavín es una esquitora inquieta. Es difícil verla quieta: siempre está leyendo, siempre está escribiendo. A raíz de su estancia en Tabasco, se le entrevistó para hablar un poco sobre la literatura y el oficio. Foto: Animal Político

Kristian Antonio Cerino

Tabasco, México

Moniquita (así le llama Rosa Beltrán) es una escritora insatisfecha, una mujer que busca con sus creaciones construir un mundo “que siempre necesitará ser mejor”.

En su libro, Leo, luego escribo, Moniquita o propiamente dicho Mónica Lavín, escribió algunas líneas sobre Satisfaction una canción de los Rolling Stones: “quiero satisfacción y eso está lejos de mi alcance”.

Para Lavín (ciudad de México, 1955) no existe peor conformismo que estar satisfechos con nuestras vidas o con lo que se escribe:

“Y yo me quedo anclada a los minutos de satisfacción, agradeciendo nuestra permanente insatisfacción en este mundo que siempre necesitará ser mejor”. Lo sentencia así en Leo, luego escribo, publicado en 2011 por Lectorum.

La insatisfacción en la vida de Lavín, con 25 años en el oficio de la narrativa, la conduce a explorar otros caminos y estructuras del cuento (su pasión) y la novela que según Julio Cortázar –citado por la autora de Hotel Limbo– se gana por puntos.

La obra de Moniquita, que incluye ensayos y crónicas y literatura infantil y para jóvenes, es amplia. Es precisamente su abundancia literaria la razón principal por la que fue homenajeada en la Feria Universitaria del Libro que organizó en su edición 2011, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. UJAT.

Cito a la Lavín:

Me gustaba escribir desde los 13 años. Escribí novelas (a los que yo llamé novelas) en unas libretas Scribe. Pero pensé que escribir era un divertimento, que se hacía además de algo serio. Estudié Biología porque también me gustaba conocer.

—¿Cuáles son tus miedos frente a la computadora, qué malabares haces, qué ritos practicas para empezar a escribir?

—Cafecito. Beber café, oír música clásica, pero esto lo necesito como para sentarme. La libretita como para apuntar cosas. Claro a veces se hace uno tonto. Sabes que si empiezas es a trabajar. Entonces hay días que entro muy fácil y hay otros días que me cuesta más trabajo. El protocolo inicia la jornada anterior: se me ocurre que por aquí debe seguir la próxima vez. Como uno entra frío pues necesita un hilito. A veces estás con flojera, a veces es más atractiva la vida. El momento de la escritura más feliz es estar picado, escribiendo, y creyéndotelo, encontrando las palabras; ese es el momento más dichoso.

La cito otra vez:

Confío en que algún lector me acompañará en la otra orilla. Sin lector la literatura naufraga. El lector es el cómplice del texto.

En entrevista, la autora de Café cortado -novela con la que ganó el premio Narrativo de Colima 2001- señala que se escriba un cuento o una novela lo imprescindible es la reflexión, lo que mueve al lector:

“En el cuento es diferente. A mí me parece que se cocina en la cabeza y un día dices ¡Listo! Lo voy a escribir. Y lo escribes sin que te interrumpa nada. No es perfecto, pero a mí me gusta dejarlo lo más parecido a que no le sobre ni le falte nada”.

Espontánea para hablar y sin prisas para responder, agregó:

El cuento es un género de intensidad. Dice poco aparentemente, pero dice mucho. Es un género de golpe. Luego vas sabiendo de qué se trataba porque está oculto, con la parte sumergida; y la novela es de acumulación hasta crear personajes con una estructura que sea poderosa y que cuente una historia”.

—¿Ha concebido alguna novela sin estructura literaria?

—No puedo concebir una novela sin pensar en una estructura. La estructura es el principio ordenador de la novela.

—Leí tu novela Café cortado y disfruté de la estructura que planteas.

—Lo decía Rosa Beltrán (escritora mexicana) Pero cada novela plantea otros retos de estructura. Como la novela que presentaré: Las rebeldes.

De Café cortado, en un folleto publicado por la Universidad Juárez, se lee en palabras propias de Mónica Lavín: El asesinato de mi abuelo en Tapachula me llevó a fraguar su mundo y su asesino en Café cortadoYa lo dijo Rosa Beltrán: (aquí) “hay un trasfondo autobiográfico. No en balde (sic) en la literatura depositamos nuestros fantasmas”.

—¿De dónde emanan tus personajes, de tu interior, de los recuerdos, o de la calle?

—De todo, todo revuelto. A veces  tiene que ver con alguien que yo conozco o con una historia de familia pero a veces son los anónimos, personajes que se pueden parecer a uno u otro. A veces son viejos, adolescentes, que se pueden parecer a la que fui o no. ¿Los personajes cercanos a mí? Hay muchos, hay varios, desperdigados. Me disfrazo, trato de que no sea obvia en ningún caso ¿La corredora de Cuemanco? Esa no soy yo. Yo era más La más    faulera (otra de sus obras), yo jugaba, yo usaba tenis, pero mis papás no tenían una papelería.

Lavín, Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1997 y Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatoswka 2010 por su obra Yo, la peor, sostuvo que la literatura mexicana es diversa y significativa:

“Yo creo que en un nivel… no es el boom latinoamericano, ya no tenemos una comunidad latinoamericana de escritores. Puede ser Alfaguara publicando a varios autores pero no sabemos a quién están publicando en Colombia ni en Chile, pero la literatura mexicana tiene exponentes muy interesantes, muy diversos, de estilos muy distintos, de un México urbano; de repente lo del narco se pueda ver pero no sólo se escribe del narco con la literatura del norte. En poesía somos muy poderosos pero ya sé que hay menos lectores de poesía, pero en narrativa están pasando muchas cosas desde lo experimental de Cristina Rivera Garza, de Daniel Sada hasta el humor de Francisco Hinojosa o Rosa Beltrán o Ana García Bergua que es muy Ibargüengoitia de alguna manera, o David Toscana que es un poco insólito. O el crack: Volpi y Padilla que no paran y que también están siempre buscando estos mundos cosmopolitas.

—¿Se sigue escribiendo con la herencia del boom o posboom?

—Yo siento que como Márquez ya nadie está escribiendo, porque el realismo mágico sucede a lo mejor en la atención que pones en ciertos  detalles que en México son como de realismo mágico.  Toscana pone en un circo que se pierde, que se queda en lugar, de ser nómada se queda en un pueblo abandonado que parecería todo insólito. Pero la manera de contar no tiene qué ver con la de García Márquez que utiliza muchas palabras, creo que hay un lenguaje más conciso, más preciso, pero no exento de imágenes y de búsqueda de metáforas. Pero ahora ya no hay esta necesidad de sólo escribir de mi país, cada quien escribe un poco de lo que le interesa, y a veces es muy crudo lo que se está escribiendo. La pérdida de utopías sí es un tema, así como en los 60´s, ahora es como el desencanto, el desencuentro amoroso. Hay también como un asunto melancólico en la escritura pero hay humor. Ejemplo: Serna que a mí me encanta con sus cuentos. Hay esta cosa de la novela histórica, Paco Ignacio, Hernán Lara Zavala, Fabrizio Mejía con lo de Díaz Ordaz y un montón de exploración en el pasado reciente, pero no es un nacionalismo literario.

En voz de Lavín, citando de nuevo Leo, luego escribo:

Toda narración se escucha mientras la leemos, tiene una voz propia en el silencio. Nos habla desde el papel. Así nos somete a su embrujo. Cree, además, en la gimnasia de mirar porque “un escritor es un tipo que observa, que imagina, que tiene muchas preguntas y busca respuestas a través de sus escritos”.

—¿Estamos en alguna ruta de construir una corriente como modernismo, contemporáneos, realismo mágico, crack?

—No sabría. Pero sí puedo decir que estamos haciendo una literatura donde se vale la hibridez de los géneros; se habla de la posmodernidad. El periodismo con la crónica, el ensayo, creo que eso es lo que estamos viviendo. El permiso de la mezcla y de lo meta literario, escribir desde el hecho de que se está escribiendo. Eso lo hace Hernán Lara desde su novela. Muchos están empleando la figura de la escritura como la trama de la novela.

—Dice Jorge Volpi en su libro Leer la mente, que la literatura nos hace más humanos, ¿es así?

—Para mí la literatura es un instrumento óptico. Un lente para mirarnos. Para comprender mejor nuestra ambigua condición. Y es un acto de comprensión de la diferencia con los demás. Siendo un instrumento óptico debe serlo de mejora social porque permitiría teóricamente poder comprender al otro, y entonces, dialogar.

—Mónica Lavín ¿usa la tecnología?

—Las usamos, la comprendemos. A mí me ahoga un poco el Facebook pero comprendo que está bien como para una comunicación pero no de lo personal, sino de lo literario. No me gusta como sitio de conversación en lugar de ir al café o a la cantina o a la casa con los amigos. Es un espacio para informar. Twitter me parece jugosísimo porque en este no tienes obligación de más, sólo mandar algo, y no tienes que estar contestando. Ese medio me interesa para buscar a otras gentes que te interesan. No necesitas interlocución y porque obliga a la precisión, poquitas palabras. Todavía no entro al libro electrónico, a leer en la pantalla, supongo que lo haremos todos, y me parece muy bien que el libro tenga otros vehículos para circular, que no sólo sea el impreso. A mí me tocó de la máquina de escribir a la computadora. La laptop es la posibilidad de escribir donde sea, porque a mano yo ya no me entiendo.

En un capítulo que escribió Lavín titulado Leer como rebeldía, afirma: Nada más terrible que tener que leer, que equiparar a la lectura con una engorrosa obligación, lejana a nosotros.

—¿Se sigue leyendo forzado, sobre todo en las universidades?

—Si y a veces creo es desafortunado aquello que te obliga a leer el maestro. El problema es a nivel joven, adolescente, ahí cómo le haces para acercar el libro adecuado a encender la pasión. Si por obligación le dices “ahora tienes que contestar 18 preguntas” ¡Ah!  ¡Qué cosa tan horrible! Elabora mejor la historia que habrá de sucederle al personaje después de que salió de este libro. Es motivar la lectura de ficción a través de ejercicios de imaginación, de involucración emocional.

—Sin embargo, en México se lee poco y en el nivel básico, liderado por Elba Esther Gordillo, no hay una gran promoción de lectura.

—Sí se ha puesto interés en los niños con las bibliotecas de aulas, yo creo que el problema son las secundarias. La adolescencia es la etapa más frágil por las adicciones, las dudas existenciales, porque tus papás te estorban. Cómo hacer que la lectura sea interesante, como ir a un concierto de rock; es un campo sin explorar y se necesitan maestros preparados como lectores, apasionados.

* * *

—Mónica Lavín, dijo en Tabasco Rosa Beltrán, toma clases de flamenco.

Lavín movió la cabeza en señal de rechazo.

—¿Ya no? Entonces eres una desertora. Y rieron discretamente, como guardándose otros secretos.

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Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.