Retratos y voces en los caminos de arena y mar

0
724

En busca de barcos, muelles, playas, olores, sabores y los últimos linderos de México. En un relato sobre algunos pasajes de Chetumal, Bacalar, Mahahual y Belice. Son pequeñas instantáneas de lo que recuerda el periodista y anotó en su libreta de apuntes.  Fotos: Diarioactivo.

KRISTIAN ANTONIO CERINO

 

UNO

Chetumal es una ciudad de luces apagadas. El crecimiento poblacional en otras zonas de Quintana Roo ha hecho que Chetumal (“donde abundan los árboles rojos”) permanezca en la quietud.

Leí que hace muchísimos años llegó a aquí el primer pontón, una embarcación traída de Nuevo Orleans para fungir como aduana y vigilancia en el río Hondo, entre los límites de México y Belice.

Para 1899, un año después de construido el pontón, éste recibió el nombre de “Chetumal” y se estableció en el lugar llamado Payo Obispo. En un principio la idea fue edificar un fuerte para combatir a los mayas en resistencia y a los beliceños del norte, pero el subteniente de la armada Othón Pompeyo Blanco consideró más importante el pontón. Éste era un puente flotante, reseñan los periodistas en sus crónicas.

Decía que Chetumal es una ciudad de luces apagadas. Por las noches, el alumbrado público nos deja ver sólo un poco más allá del muelle. Así es Chetumal, una ciudad atrapada en el tiempo en la que habitan unos 151 mil chetumaleños; una capital que fue opacada por el crecimiento de Cancún y sus más de 628 mil habitantes.

20160712_073012

Ya no hay pontón, menos esas grandes embarcaciones que se asomaban en la bahía; tampoco se habla con orgullo de la zona libre de comercio entre Chetumal y Belice. En algunos periódicos se cuestionan los gastos de gobierno y los excesos de inversión en Héroes,  la avenida principal de la capital, esa calle de comercios y grandes terrazas por donde se esperan los atardeceres.

En una de sus calles se lee: 27 de septiembre de 1955. Es la fecha del nivel que alcanzó el agua por el paso del huracán Janet.

Por aquí todo pasa. T-o-d-o-.

DOS

Bacalar es un regalo de los dioses. Es una laguna de muchos colores que todos fotografían, que todos tocan y en la que se sumergen.

Bacalar, empedrada en sus adentros, y azul-verde en la superficie, es el manto acuático sobre el que aceleran lanchas y veleros que se pierden a lo lejos.

Bacalar es el puño de tierra y agua que combatió a los piratas desde el fuerte de San Felipe.

Si cierras los ojos Bacalar es una paleta de colores que se mece entre el viento: ¿lo sientes?

Ojalá y los empresarios no perturben y ensucien más su encanto.

IMG-20160713-WA0043

TRES

El mercado Ignacio Manuel Altamirano es un conglomerado de voces. Las voces femeninas se imponen sobre las masculinas. Unas gritan salbutes de relleno negro, otras más cochinita pibil.

El mercado también es una mezcolanza de olores. Se come rico, a bajo costo, y dan ganas de regresar.

Para los viajeros, estos guisos se pueden comprar y llevarlos procesados en bolsas de plástico. Los guisos transportados en maletas es una extensión de Chetumal en otros lugares. Es, enlatarlos, para cruzar fronteras.

CUATRO

Mahahual es una pincelada de los dioses. Una de sus manos descendió y realizó trazos para dejar arena y mar en la costa este de Quintana Roo. Aún hay peces de colores y el agua está a cierta distancia para caminar en pie como buscando la Atlántida.

Desde muelle o desde el faro, Mahahual es ese patio que todos quisiéramos tener para meter los pies y todo el cuerpo cuantas veces quisiéramos.

Hay algo que no me gusta de Mahahual: esa hora en la que retornamos a casa y el paisaje queda a nuestras espaldas.

20160711_074126

CINCO

La prensa de Quintana Roo es como toda la del sur: gobiernista y sin contenido que valga el esfuerzo seguir comprando papel.

Cada año, como estudiante de primaria, se uniforma y publica portadas gemelas. Todas se parecen. En los cafés ésta se obsequia, y si dejaras de leerla dos semanas, no pasaría nada en tu vida, es decir, no te perderías de nada. O quizás rescatarías un porcentaje mínimo de textos que puliéndolos se leerían mejor

SEIS

Belice es una forma de salir por un instante del país. La zona libre -entre México y Belice- es un cinturón de comercios en el que se vende fayuca. Buscándole, sólo buscándole, podrás encontrar uno que otro artículo original. El resto se debate en la imitación.

Belice, o un pedazo de éste, son caminos de terracería y polvo en donde están abiertas las bodegas repletas de ropa. Caminar la zona equivale a deambular durante un día, esquivar a los voceadores, saludar a los chinos, charlar con los hindúes y negociar con los beliceños. También es encontrar bebidas que dejaron de venderse en tu niñez mexicana porque ahora la procesan en Jamaica o en Trinidad y Tobago.

Una bodega en Belice mide un acre, unos 4 mil metros cuadrados. Caminar un solo acre es perder gramos que cualquier dieta agradecería. Muchos, de los que por vez primera conocen la zona, desisten y la abandonan a bordo de un tricitaxi

20160714_203703

Belice es conocer a las mulas humanas que ofrecen sus servicios para  cruzar más mercancía de la permitida por la aduana. Belice son también sus casinos en el que se apuesta dinero con la idea de duplicarlo.

Sin embargo, la mayoría coincide en que es una zona segura. Por eso, retornan.

—Yo fundé la zona libre —dice un empresario de Chetumal

—Ahora es un basurero. Ya no es lo que fue—sentencia.

Para él, la zona libre representó una gran oportunidad a través de comercializar productos de calidad. Hoy ésta es lo que menos importa.

Un taxista cree que sin esta zona, Chetumal no tendría sentido. Lo dice porque él lleva y trae a pasajeros entre Belice y Chetumal. Pero los chetumaleños, en su mayoría, ya dejaron de ir a este sitio.

SIETE

La mejor panadería no es la que está cerca de casa, sino la que visitas en otra ciudad. Por más pan que se coma, siempre –la del exterior- su sabor será diferente. La invencible es el nombre de una panadería antigua de Chetumal. La rebautizaría como La Irresistible.

Sigo comiendo el pan en la distancia: ¿habrá alguna forma de archivar el sabor en el paladar? Sólo será al volver.

20160709_130627

 

SHARE
Previous articleCamaleón Art Truck: la galería itinerante de Francisco Cabrera.
Next articleCharly García: su padre, su Dios.

Kristian Antonio Cerino
(Tabasco, 1980)

Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas.

Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros.

Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011.

Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol.

Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez.

Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa.

Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma

Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.