Ricardo Garza y el retrato de un hipster

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La entrevista de Kristian Antonio Cerino al escritor mexicano y autor del libro Hipsteria.

Fotos: Facebook de Ricardo Garza

 

Hipsteria es la primera novela del escritor mexicano Ricardo Garza Lau. En 2014 la publicó editorial Planeta y pronto se ubicó como una de las más leídas entre los lectores jóvenes del País.

Hispteria es un mosaico cultural y literario que habrá de describir el movimiento hipster en México y más allá de sus muros.

Garza Lau, editor y periodista capitalino, escribió la novela en un año. La idea surgió en un restorán y ante el interés de la editorial, la historia de Sal Thomson (el hipster mayor) tomó forma en las 256 páginas de la obra.

Coordinador de sitios webs como Gatopardo y MSN México, Garza Lau construyó los pasajes de Thomson, un joven publicista que busca olvidar su pasado provinciano y recomenzar de nuevo en una ciudad cosmopolita como la ciudad de México, (Anahuaclandia en la novela) en el momento en que decidió estudiar Comunicación en la universidad Hispanojesuita.

Sal Thomson es un hombre creativo, viajero y promotor de la cultura hipster. Es un personaje que habrá de enfrentarse a una serie de peripecias en la oficina, en la calle, en el extranjero y el día en que decide participar como voluntario en un rodaje

Es un tipo original, creativo y progresista, posee un estilo único y gustos fuera de serie. Colecciona elepés y objetos vintage, aprecia la gracia del mezcal, así como la elegancia de las cervezas artesanales. Vegetariano y creyente del poder del yoga, es también un férreo defensor de la bicicleta, la naturaleza. Está verdaderamente comprometido con su realidad social: es un ciudadano activista, se lee en la contraportada del libro.

Thomson es un tecnólogo, o aparenta serlo. Usa las tecnologías y sus redes sociales para lanzar campañas de publicidad y otras de política. Es un adicto al Twitter, al Instagram, al blog: y disfruta de la vibrante vida underground.

En resumen habrá de padecer el secuestro de sus mascotas, la invasión de su departamento por una europea y un desafortunado encuentro con los narcos en Real de Quince, el pueblo ficción en Hipsteria

Ricardo Garza Lau ha sido relator y tallerista en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En esta ocasión conversa sobre su vida literaria y de cómo armó esta novela (Hipsteria) de 12 capítulos.

 

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Dice Juan Villoro que lo contrario de la ficción no necesariamente es la verdad. Sin embargo, tu ficción es tan real en la manera en que describes la vida de Sal Thomson y sus peculiaridades, ¿cómo surge la idea de hacer esta novela y la de este personaje?

La idea básica fue hacer una crónica generacional a partir de la subcultura más peculiar que ha surgido entre los nacidos en los ochenta, claro, en la clase media y en entornos urbanos. Hasta antes de ‘Hipsteria’ todo lo que había redactado era no ficción, así que me sentí muy cómodo al crear una historia que podría ser real y actual. Me encanta ironizar sobre las contradicciones de nuestras vidas, por ello una parodia fue también la clase de narración con la que más afinidad sentí.

‘Hipsteria’ surgió en octubre de 2012. Tamara de Anda, una de mis mejores amigas, me invitó a comer a un nuevo restaurante demasiado hipster, como los que le encantan (y a Gatopardo también, la revista en la que en ese entonces trabajábamos). Me negué al principio pero Tamara es de esas personas a las que es imposible decir no. A esa comida, en un lugar sólo con cuatro mesas, una chef gringa, altos precios por ingredientes orgánicos y demasiado esnob barato fue William Dietzel, el entonces editor de libros juveniles e infantiles de Planeta. Aunque de vista lo conocía hace muchos años, por primera vez hablé con él esa tarde. Las dos horas que invertimos ahí me pasé burlándome del lugar, su comida y sus personajes.

En enero de 2013 William me contactó para cenar, yo esperaba que me dijera que había una plaza para trabajar en Planeta, pero no. Me preguntó si alguna vez había soñado con escribir una novela. Le dije que desde hace años pero que no me animaba porque no tenía más de treinta, y me parecía que escribir algo tan ambicioso a los veintitantos era pecar de arrogancia o intentar meter un gol desde la media cancha. Me respondió que era una forma tonta de pensar y me dijo que le propusiera una historia, que había leído textos míos y que opinaba que podría hacer algo bueno. Tres semanas después le envié la propuesta detallada, le agradó pero me pidió que escribiera diez cuartillas, luego otras diez y la siguiente llamada fue para decir “tienes una gran historia, la semana que entra firmamos un contrato para que la termines”.

 

Llama la atención que durante la narrativa reemplazas (desde luego válido) nombres de ciudades mexicanas de fácil identificación. ¿Cómo decides usar estos nombres de lugares comunes en la novela?

Evidentemente hablo de México y de la ciudad de México, pero me pareció un recurso válido para mostrar que la historia podía desarrollarse casi por completo en cualquier otra ciudad latinoamericana. Pienso, por ejemplo, que en Santiago de Chile o Guadalajara podría situarse sin cambios trascendentes. La intención con esto fue que nos diéramos cuenta como incluso esa sed por ser diferentes se contagia y de países con historia y cultura semejantes a la nuestra, y terminamos siendo como producidos en serie en una fábrica de capitalismo “alternativo”. Si a esto añadimos la tecnología y las redes sociales nos damos cuenta que comportamientos, anhelos, aficiones y manera de criticar terminan siendo los mismos. Si hay algo que distingue a esta generación mexicana tan globalizada es que casi nada la distingue de otros países latinoamericanos.

 

Destaco en el texto una narrativa fluida, lineal dirán otros. Pero, una novela plagada de suspenso y emociones por lo que sucederá alrededor de Sal, ¿te costó trabajo la estructura de la obra?

La estructura la plantee desde la primera propuesta, quería intercalar cuatro voces, y meses después, ahora con ojo autocrítico, creo que me faltó pulir más esa diferencia. ¿Por qué esta manera de narrar? Creí que si hablaba de un sujeto que más de la mitad de sus conversaciones las tiene a través del teléfono debía incluir esa manera de interactuar. Definir la voz del narrador fue lo que más me costó. Él debía ser objetivo, sin sarcasmo, sin juzgar a nadie. Disfruté mucho escribir a Sal hablando en primera persona, esa especie del diario de un sujeto odioso fue agradable, porque además sus aventuras son crónicas urbanas, algo que me fascina.

 

¿Hay algo de Sal Thomson en la vida de Ricardo Garza Lau? Al menos identifico el gusto por las tecnologías.

Hay muchas cosas de Thomson en mí, definitivamente, pero muchas otras que no. Justo hablando de Villoro acabo de leer una entrevista de él en la que dice que la vida de los escritores suele ser más aburrida que sus libros, conmigo también se cumple esa premisa, por lo que tuve que imaginar e inventar muchas cosas que le dieran ese suspenso y agilidad a la historia. Si me preguntas en quién me inspiré, te respondería que en tres amigos, tres no amigos, mi vida (con un alto nivel de acidez) y entrevistas que hice a publicistas (porque nunca he trabajado en una agencia de publicidad y no sabía cómo eran las dinámicas al interior de una empresa con ese giro, tan ególatra, por cierto).

 

Los nombres que eliges para los gatos (Neko y Fellini) acapararon mi atención, como la vuelta de tuerca en la vida de Dara y como el mismo desenlace en Real de Quince cuando Sal fue golpeado y humillado, ¿cuánto tiempo te llevó pensar en la historia y en escribirla?

El contrato que firmé con Planeta decía que terminaría la historia en seis meses. Empecé con demasiada confianza en mí mismo, pero al enfrentarme con la autoedición me di cuenta que tardaba dos días en escribir una cuartilla y una semana en editarla. Luego borraba todo y pensaba que era pura porquería. Al final me tardé once meses. Creo que hubiera podido tardar un poco menos si no tuviera que trabajar. Como suelo tener hambre y sed y la renta es cara, trabajo editando un sitio de noticias de 8 de la mañana a cinco de la tarde. En cuanto salía de ahí me iba a la biblioteca de una universidad cerca del trabajo, tomaba el quinto café del día y me ponía a redactar hasta las once de la noche. Los fines de semana, sobre todo al final, redactaba de ocho de la mañana a diez de la noche. Dos asuntos que considero me ayudaron fueron que le enviaba cada tres semanas adelantos al editor y me los comentaba, y la otra fue que llevo años editando, así que para la entrega final los cambios fueron casi nulos.

 

No sé, no estoy muy seguro, pero más allá de hablar del movimiento hipster se aprecia una crisis del protagonista por la edad de los 30. ¿Es así? ¿Eres un hipster o eres amigos de muchos hipster?

El hipsterismo fue el pretexto y el contexto de la historia. Mi idea jamás fue definir qué es o qué no es hipster, porque sería clavarme en un tema demasiado trivial y banal. Mi intención fue retratar a una generación egoísta, sin conflictos sociales, ingenua, que quiere prolongar la adolescencia lo máximo posible, que anhela el aplauso del grupo a través de redes sociales, que le aterra comprometerse y que ha adoptado un discurso completamente contradictorio hacia el capitalismo, la protección de la naturaleza o la tolerancia a las minorías. Yo pertenezco a esa generación, en la que llegar a los 30 parece la última llamada para abandonar la adolescencia sin parecer patético, y claro que tengo varias de esas características: ¿gastarme mis ahorros en un auto de lujo? Mejor viajo; ¿casarme y tener hijos? ¡Qué miedo!; ¿durar más de tres años en un trabajo? Demasiada monotonía.

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¿Cuál es la aportación literaria de tu novela publicada por Planeta?

Creo que los recursos para narrar. Me inquietaba que la prosa con el narrador fuera impecable, que tuviera constancia, que no flaqueara. Con el resto quería que los cambios de estilo dieran frescura y agilidad. Finalmente en México muy pocos libros se han escrito así: narrador omnisciente, personaje en primera persona, blogs y conversaciones de Whatsapp. Poquísimos se han redactado con redes sociales como escenario.

 

Celebro que a la par de la estructura lineal, el lector encuentre la redacción de un blog, las pláticas en el formato de inbox y correos electrónicos, como si fueran conversaciones en computadoras o teléfonos. ¿Cuándo redactabas pensabas en el lector y por ello decidiste darle muchos formatos visuales?

No pensaba en el lector, pensaba construir una historia fidedigna y verosímil. Respecto al diseño, los formatos y demás, de eso se encargó la editorial. Me involucré un poco al principio en el proceso, pero después me hice a un lado porque nada me gustaba, finalmente es un proceso de marketing y eso nunca ha sido mi fuerte.

 

¿A qué nicho de lector está dedicada esta novela?

Gente de entre 18 y 35 años conectará rápidamente con la historia; ellos son el nicho principal, pero creo que la puede leer cualquiera que tenga inquietud en conocer a una generación que es muy diferente a la previa, y a un micromundo citadino. Si no entienden el slang de todas maneras pueden seguir con la historia, que al final es universal: el explosivo éxito de un antihéroe, su lenta caída y su resurrección.

 

El personaje de Sal es un hombre bipolar, ¿podría ser este el modelo del hombre mexicano que vive en la capital como Anahuaclandia o en el mismo DF?

Más que bipolar, sus reacciones son contradictorias porque su motivo máximo es mantener al personaje de sí mismo que ha construido. No creo que sea un estereotipo del chilango, pero sí se acerca al del publicista veinteañero que construyó su autoestima a partir de los followers en Twitter, los favs en Instagram y los premios por haber creado campañas.

 

Qué escuchas de los primeros lectores cuando se refieren a tu novela, ¿se encuentran en ella? ¿Defienden a sus gatos? ¿Manejan bicicletas? ¿Quieren ser publicistas?

Una de mis inquietudes principales fue que quienes no están tan próximos a la literatura se acercaran a ella con una obra que les hablara de tú, conectar con ellos, principalmente si son jóvenes. De este segmento he tenido comentarios muy positivos, desde “me abrió los ojos en muchas cosas” hasta “qué patéticos somos”. En goodreads, por ejemplo, la han evaluado con cuatro de cinco estrellas, algo que agradezco.

De los escritores mamones he recibido comentarios de rechazo por el título o la portada, pero ni siquiera se animan a abrirla. Creo que es normal que descalifiquen a priori una obra que no habla de los verdaderos conflictos que hay en este país. También creo que es natural que alguien que no ha figurado en becas del FONCA o congresos de escritores o que vaya a la cantina con ellos, de pronto publique algo en una editorial grandota. Pero justo por esa actitud es que hay tan pocos lectores. En México desde la primaria nos enseñan que leer es un castigo y que los escritores son personajes famosos y arrogantes, muy lejanos a nuestra realidad cotidiana. Yo quise hacer una historia entretenida, que hiciera reír, autocriticarnos y pensar. Nada más.

Otro elemento gracioso ha sido que al menos una docena de personas me han dicho “te inspiraste en tal” o “acabo de conocer a un Sal Thomson”. Un comentario más ha sido “me siento identificado en tantas cosas y odio sentirlo”.

 

Por cierto, esta novela es muy actual. Pero en la medida que pasen los años podría perderse porque está ambientada precisamente en tecnologías que cambian de nombre y se sustituyen unas por otras. ¿Lo crees así? ¿Crees que tu novela tendrá buena mar?

Estoy seguro de que en 15 años leeremos ‘Hipsteria’ con nostalgia. Diremos “¿te acuerdas cuando ligábamos por Instagram o conversábamos por Whatsapp?”, sin embargo, la historia en general perdurará, porque la arrogancia e ingenuidad humana son elementos inherentes a nuestra naturaleza.

 

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¿Qué opinas del pasado? En la novela hablas (en el caso de Sal) de su pasado provinciano, el cual le da terror. ¿Hay una tendencia por rechazar nuestras realidades y no mirar atrás?

Para alguien como Sal Thomson, hipster, cool, inteligente y creativo es atroz mirar a la infancia o la adolescencia y darse cuenta que nunca fue así, que fue boyscout, por ejemplo, o que fue a una escuela de salesianos. Si crees que eres “famoso” en tu entorno, como él, definitivamente el pasado te aterrará. El asunto con el provincianismo va más en una idea de retratar la arrogancia del defeño en este tema. Creer que el país es la ciudad de México y que afuera sólo hay calor y vacaciones es algo tan tonto que a la hora de votar queda más que evidenciado. México es un país provinciano, no un país chilango.

 

Por un momento pensé en la muerte de Sal, pero lo encontré recuperado y con ganas de contar su propia versión de los hechos, verse como un héroe. ¿Los hipster siempre son y serán hipster? Es decir, no pierden el porte o la compostura

Esto ocurre porque Thomson no puede permitirse derrumbar al personaje que ha hecho de sí mismo, ni siquiera en la situación más extrema. Perdido, golpeado y desnudo en el desierto sólo anhela tener su iPhone para poder tuitear su ubicación y que alguno de sus amigos arme un escándalo para rescatarlo.

Respecto al hipsterismo, como todas las subculturas, se evanescerá y vendrá una más cool a sustituirla.

 

Hallo mucha crítica política y social (humor negro) en la novela. Como escritor, ¿te ha llegado a fastidiar la política mexicana?

Claro, me fastidia, pero más me fastidia la apatía hacia la clase política, el conformismo y la ingenuidad de querer transformar la política a través de hashtags en Twitter. Creo que la única manera de cambiar las cosas es tomando las calles. Las redes sociales sirven para organizarse, pero no para hacer transformaciones profundas. Otros que me fastidian: los que critican a quienes protestan. “Serán las primeras elecciones que definiremos en Twitter”, dice Sal Thomson, y no las definimos ahí. Sal va a marchas pero termina besando a una chica, viendo a sus amigos, regresándose a tomar un mezcal. Si nos comparamos con otros países latinoamericanos aquí tenemos una tolerancia infinita al escándalo y a la corrupción.

 

¿Cuántas horas dedicas a la lectura y a la escritura? ¿A qué autores lees con miras a fortalecer o consolidar tu trabajo literario?

Depende, pero en promedio una o dos horas diarias. Cuando escribía el libro invertía unas cinco. Ya estoy empezando con el siguiente, que es la historia de mi abuelo, perteneciente al ejército alemán a los 14 años, misionero y científico de cactáceas que terminó exiliado en Belice.

Mi manera de leer suele ser por autor. Me gusta leer cinco o seis libros sobre el mismo escritor; así he tenido épocas cuando iba en la universidad, por ejemplo, de Kundera, Kafka, Saramago, Cortázar, García Márquez… Las últimas temporadas de autor que he tenido han sido de Roberto Bolaño y Witold Gombrowicz; actualmente estoy leyendo todo lo que puedo de Houllebecq, y de mexicanos Villoro y Enrigue. Aunque al final creo que leo más periodismo narrativo, creo que es mi género favorito.

 

 

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Kristian Antonio Cerino (Tabasco, 1980) Es licenciado en Comunicación y maestro en Docencia por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Con 15 años en el periodismo, ha publicado artículos, crónicas, ensayos, entrevistas prólogos y reseñas en libros y revistas arbitradas. Es premio nacional y estatal de Periodismo en el género de Crónica. Ha publicado crónicas periodísticas, perfiles y entrevistas de semblanzas en revistas como Eme Equis, Liberación, y en sitios web como Animal Político, Lado B, Diez 4, Sin embargo, entre otros. Fue finalista del premio Nuevas Plumas que organizó la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Periodismo Portátil, 2011. Es autor de tesis y tesinas en el área de Periodismo y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) Es promotor de los blogs en el sur de México. Primero creó Salida de Emergencia, Libreta de Mar y Águila o Sol. Ha escrito en los diarios Milenio y Excélsior. También lo ha hecho para la agencia española EFE. Fue becario en el programa Prensa y Democracia en la Universidad Iberoamericana y en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó el escritor Gabriel García Márquez. Incursionó en la radio de Tabasco. Laboró en las estaciones XEVT, XEVA y XEVX. Sus primeros años de formación periodística los vivió en la redacción del grupo Telereportaje con los hermanos Sibilla Oropesa. Recientemente ha publicado en la revista Zócalo y en la Libreta de Irma Es premio Tesis UJAT 2013 y es miembro del Padrón Estatal de Investigadores en Tabasco.