Shin Godzilla o Plan DN III Japonés

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El reseñista  Vargas nos presenta su panorama de la nueva película basada en Godzilla, el monstruo marítimo y terrestre que destruye ciudades. 

 

Lalo Vargas

 

No es un pájaro, no es un avión, no es Superman, es Godzilla y está de regreso.

Una de las criaturas más populares del imaginario nipón regresa a las pantallas con un desafortunado film de dos horas que hacen que hasta el fanático más acérrimo del legendario ente hijo de la radiación caiga fulminado por un pesado sueño provocado por la excesiva verborrea de diálogos que inunda la película.

El cine japonés no es sencillo de entender, si bien cada país cuenta con una serie de referencias históricas y culturales para ambientar sus tramas, en el caso de Japón las cosas se complican más; hay que entender mucho su sociedad e historia para lograr entrar en el contexto de muchas de sus cintas aunque éstas sean de ficción o animadas, y en este caso no fue la excepción.

Soy fanático de Gojira, así se le conoce en Japón. Cuando era niño vi muchas de sus películas, no había nada más emocionante que ver a ese ser con apariencia de dinosaurio caminar por la ciudad mientras la convertía en polvo, cuando se es niño uno no hace mucha conciencia sobre los efectos secundario de que una ciudad sea destruida, y en el caso de Japón es una realidad latente y un asunto recurrente debido a sus desastres naturales y accidentes nucleares; terremotos, tsunamis, huracanes, accidentes con reactores; dentro de la cultura japonesa está implícita la imagen del desastre pero también el espíritu del fénix ya que siempre resurgen de sus cenizas.

Godzilla apareció en la pantalla grande en 1954 bajo el sello de los estudios cinematográficos Toho, cuenta en su haber con 28 películas japonesas registradas y 2 remakes; uno totalmente americano, Godzilla  (1998) y Godzilla (2014) una coproducción entre Estados Unidos y Japón.

Gojira pertenece al género cinematográfico japonés conocido como Tokusatsu el cual aplica a toda película o serie de televisión de acción real en la que se haga el uso intensivo de efectos especiales, por lo que la palabra Tokusatsu se traduce como “filmación especial”. No olvidemos que dentro de este género de películas Godzilla pertenece al subgénero conocido como de los denominados Kaiju o bestia extraña-bestia gigante, género al cual el director mexicano Guillermo del Toro es fanático demostrándolo con su excelente película “Titánes del Pacífico” (Pacific Rim, 2013).

Godzilla ha sido catalogado como un antihéroe en muchas ocasiones, este término se refiere a los personajes de ficción cuyas características de comportamiento pueden ser consideradas antiéticas si se comparan con las de un héroe tradicional, un ejemplo de antihéroe muy claro, por lo menos en los comics es Deadpool, por lo que aunque no sean unos niños buenos como Superman al final del día terminan salvando al mundo, aunque sea por accidente.

En la actual versión cinematográfica, Godzilla Resurge (Shin Godzilla, 2016), el argumento va desde cero, es decir el origen de la criatura, la cual emerge del mar sin que los expertos biólogos japoneses y ningún científico del momento sepan qué cosa es aquello que está destruyendo Tokio, y como toda buena cinta ésta trae un doble discurso solo visible para quien tenga un buen nivel de conciencia porque para quienes son expertos en la historia de Godzilla no es un secreto el hecho de que el génesis de este mítico ser fueron los desperdicios radioactivos que yacen en el fondo de las bahías japonesas por lo que la crítica se enfoca en los daños ambientales provocados por la contaminación de plantas nucleares.

Esta película tal vez sea una dura crítica, posiblemente en Japón ese haya sido el caso, hacia la burocracia que impera en las diferentes esferas del gobierno nipón cuando se trata de tomar decisiones que beneficien al pueblo japonés, no cuentan con un presidente tan “fino” como el nuestro por lo que la mayor autoridad del país es el Primer Ministro quien se encuentra rodeado con tantos asesores y concejales que le es difícil tomar estas decisiones de manera rápida.

De cierta manera la película se vuelve un desesperante drama político desplazando a la criatura a segundo término por lo que si sumamos las escenas en las que aparece el monstro creo que no llegan ni a 10 minutos y todo para que al final la crítica hacia el sistema japonés sea que son demasiado burócratas.

No se puede negar que los hijos del sol naciente son en extremo organizados y ordenados, pero al presentárseles una situación muy pero muy fuera de lo común se ven envueltos en un conflicto ya que no existen manuales para lo imprevisto y al parecer ellos tiene manuales de operación para todo lo que son desastres naturales o accidentes industriales pero no para el ataque de una bestia gigante.

Como mencioné anteriormente las películas suelen reflejar mucho de la cultura de un país, y en este caso el lado oscuro de la historia japonesa se hace presente al decir el lamentable hecho de las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki por manos de los Estados Unidos, quienes en la trama de la cinta parecen ser la única salida al problema de Godzilla, usando – nuevamente- una ojiva nuclear para conseguir detenerlo, de esta forma el director nos hace ver que no son muy felices con la política de la nación de las barras y estrellas que suelen meter la mano en todo.

A grandes rasgos más que una película sobre el Kaiju más famoso del mundo parece un documental sobre lo que sería un “Plan DN3” a la japonesa para destruir a un monstruo que seguirá siendo el rey no importando que tan malas sean sus nuevas películas, su leyenda ya fue escrita con letras de oro en la historia del séptimo arte de este planeta.

 

@sagravolal

Comunicólogo, escritor y blogger

vidaderonin.blogspot.mx