Yo no soy un fantasma

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MEMORÍA la columna literaria de 

RODRIGO ARTEAGA PORTILLO

Murió en un accidente automovilístico mientras se dirigía a su trabajo en Cunduacán, Tabasco. RIP.

(1973-2014)

—¡Me duele! —le digo a mi mujer luego de arrastrarme por el suelo y llegar a ella al borde del llanto tocándome el pecho con las dos manos, como sosteniendo un dolor que me ahoga, consciente de que no lo he dicho todo.

Al despertarme en otro sueño, atormentado por el recuerdo de mi madre, siento la necesidad de seguir escribiendo, de continuar la historia de su muerte; de mi muerte.

Despierto del sueño de mi sueño tratando de recordar mi angustia. Tengo la pieza que faltaba al rompecabezas, el olvidado dolor de vivir, como el que sentí en mi última sesión de psicoanálisis en ese espacio triste y desolado que era y ya no era mío, ese hablar de un muerto condenado a pagar.

Vuelve el deseo de acomodar palabras para decir que no estoy muerto, aunque mi biografía así lo diga, no soy un fantasma.

Hace dos días mi mujer me leía el diario que Marie Curie le escribe a su difunto esposo y me confesó, muy triste, sobre la escritura de una novela que empezó hace dos años donde era mi viuda; donde continuó mi juego de morir.

Hace unas semanas en un encuentro de poetas volví a escuchar en la voz de su autor el poema que hice mío en La batalla por tu vida:

hace apenas días murió mi madre,
hace apenas tanto.

cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

hoy no es como otras lluvias                                                                                                 hoy llueve por vez primera                                                                                                   sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia                                                                                                                                           podría ser yo quien yace, ahora lo sé,                                                                                                      ahora que he muerto en otra.  hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por primera vez
sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otra.

Paráfrasis de “Hace apenas días” de Hugo Mujica.

Pienso en cómo se dieron las cosas para que el final de la historia de mi madre, en La batalla por tu vida, fuera mi muerte. Muerte que hace reír a una de mis alumnas de nuevo ingreso cuando comenta que descubrió al investigar sobre mí que yo estoy muerto; mi maestro es un fantasma.

Hoy me doy cuenta que mi muerte fue más que un juego, un suicidio literario, un dolor en el pecho, una necesidad de decir: yo estoy muerto, yo estoy muerto, yo estoy muerto. Y ya no quiero terminar con mi vida, sino como lo hice en el capítulo XXXII, “Duelo”:

La muerte de mi madre no ha sido en vano. Sobrevive mi deseo. Puedo vivir en paz.

Ya no soy un fantasma.

 

Foto: Google / Redes